Vivir con una enfermedad psiquiátrica crónica en tiempos de pandemia, puede poner en riego la vida de los monterizos que la padecen, y no solo por el hecho de tener que luchar contra ella, sino porque esos vecinos quedan invisibilizados para el sistema de salud.

Cecilia Risso Patrón, es una monteriza que vive las consecuencias de un sistema de salud que abandonó a su hermana, Silvina Risso Patrón, en el caos epidemiológico. Desde los primeros días bajo el aislamiento social, preventivo y obligatorio, iniciaron un recorrido de pedidos de ayudas, que nunca llegaron y hoy Cecilia solo puede mirar a su hermana que está internada, postrada en una cama.

La sociedad no estaba preparada para un impacto en la salud pública de esta magnitud: la pandemia puso a prueba a la comunidad monteriza en su organización, articulación, solidaridad, empatía y respeto. La complejidad de cómo funcionamos como sistema se puso sobre la mesa, y dejó en evidencia dos cosas; por un lado, la importancia y el impacto social del accionar individual y viceversa. Y por otra parte, el sistema nos recordó que ninguno es indispensable. «Hoy puedo afirmar que el virus no es el mayor problema, lo es la apatía de aquellos que nos deberían cuidar pero ‘no somos su prioridad'» afirma Cecilia.

Hoy todo el organigrama estatal se mueve en función de lo que va revelando el área de salud. Pero ¿qué ocurre cuando dicho sector pierde el equilibrio entre lo urgente y necesario? ¿Qué pasa cuando el sistema de salud anula lo necesario frente a lo urgente, cuando en ambos casos involucra a pacientes? ¿Qué lugar ocupa la salud mental/emocional?

Con la pandemia varias actividades del campo de la salud dejaron de funcionar, entre ellas la atención de consultorios psicológicos y psiquiátricos y todos los esfuerzos se abocaron al control y prevención de los casos con coronavirus. Con el avance de las fases y la administración de las actividades frente a la nueva normalidad, se fue revelando la necesidad de adaptarse al nuevo panorama y la tecnología fue la principal aliada.

Sin embargo, hay situaciones de familias y personales que requerían otro tiempo de ayuda, de acompañamiento, de respuestas y la única que tuvieron fue un rotundo: No. Mientras el mundo se impacta por el Covid, las demás enfermedades siguen ahí ¿Quién y cómo las atienden?

Cuando salud mental no es prioridad y su dura consecuencia

Con la pandemia se perdió en la práctica el paradigma que ve como unidad: cuerpo y mente ¿cuántos siglos se retrocede?

Silvina tiene 44 años, es paciente neuro-psiquiátrica. «Comenzó a sentirse diferente prácticamente cuando se declaró la cuarentena. Ella casi no dormía, tenía dolores de cabeza, y muchas veces fluctuaban sus emociones» se animó a contar Cecilia a modo de descarga en su cuenta de Facebook.

En comunicación con MONTERIZOS, Cecilia expresa que lo que intenta es que se sepa lo delicado y grave que es que el sistema de salud, que profesionales que se comprometieron al cuidado de la vida, no lo hagan. Agotada, manifiesta la pelea diaria que tuvo durante la pandemia, ya que todas las puertas se cerraron cuando su hermana necesitó la ayuda profesional.

Cecilia detalla que desde hace dos años, después de su última vez que internaron a su hermana en el IPPI Corbalán, mantenía contacto con el médico psiquiatra que la atendía, en ocasiones puntuales como llenar los papeles de la obra social y algunas consulta verbal, para conocer, desde la mirada especializada, cómo se encontraba su hermana.

«Cuando en medio de esta aterradora pandemia le manifesté a su médico que Silvi no se encontraba bien, me dijo que no podía verla personalmente por el tema del COVID. Y tampoco podía internarla en el instituto para hacer un control de medicación, por el mismo motivo»

En plena pandemia comenzaba otra lucha para las hermanas. Cecilia jamás imaginó en lo que desencadenaría que el sistema de salud ignore a su hermana. «Me cansé de enviarle mensajes a su médico psiquiatra, entonces decidí apersonarme en el instituto Ippi Corbalán. Solo me ofrecían consultas con psiquiatras por teléfono (y por llamada común)».

«Sentía que me ponían una muralla inexorable, siempre con la ‘excusa perfecta’ del covid 19. No es que no respete la cuarentena, pero es una situación especial y de particular urgencia» se ve en la necesidad de aclarar Cecilia, quien explica que no tuvo más alternativa que acceder «a la consulta telefónica con un psiquiatra», quién aumentó la medicación a Silvina, sin conocer su historia clínica, ni evaluarla, «aunque sea ver sus síntomas a través de una videollamada».

Las consecuencias no tardaron el manifestarse físicamente el Silvina «Toda esa atención médica informal le produjo a mi amada hermana una sobremedicación que aceleró un proceso neurológico nuevo, y terminó internada con un cuadro grave en el Santorio Parque. Ahora los médicos de ésta institución realizan su mejor esfuerzo profesional y humano para salvarle la vida».

Humanizar el sistema de salud

Cecilia sigue a la espera de saber qué ocurrirá con la vida de su hermana. Sin poder hacer, más que aguardar alguna evolución, esta monteriza reflexiona «Tener un familiar enfermo en medio de una pandemia, es lo mismo que luchar en un tornado con un palito de madera. Te chocás con la dura realidad de ver como el personal de salud ignora o soslaya cualquier enfermedad a menos que tengas síntomas de coronavirus».

Cecilia hace propias las palabras de su amiga Dolores Guerra, quien dice «se puede observar un sistema de salud pública desmantelado, y no sólo el Covid-19 perjudica y es la mayor amenaza, también el abandono, la falta de recursos y en muchos casos la falta de humanidad de algunos médicos».

«Sin diagnósticos, con malas praxis, sin asistencia, los pacientes son víctimas de un sistema desbordado y desabastecido que abandona a las personas y vulnera continuamente los derechos con la indiferencia e invisibilización. Programas y proyectos, terapias y medicamentos sumado a los hospitales psiquiátricos desbordados por las adicciones, se desabastecieron recursos e instrumentos psicológicos y psiquiátricos, agravando las patologías» .

«Hay aquí humanizar el sector de la salud» indica de manera contundente a MONTERIZOS.

Y concluye «Las mismas terapias intensivas tendrían que permitirnos a los familiares contener más a los pacientes psiquiátricos … y a todos los pacientes. ¡Esto tiene que cambiar! Brindar apoyo emocional es imprescindible para estimular a cualquier enfermo que se encuentre en estos circuitos cerrados de atención».