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4 Jul 2019

"Yo no soy ese" dijo y pidió al Estado una solución

Doctora Mariana Rey Galindo, jueza de Familia y Sucesiones del Centro Judicial Monteros.

[Doctora Mariana Rey Galindo, jueza de Familia y Sucesiones del Centro Judicial Monteros.]

La última notificación que recibió ya llevaba su nuevo apellido, ese sí era él. Al quedar la sentencia firme, Pablo (nombre ficticio para resguardar la identidad del menor) se transformó en el primer caso del país en el que un hijo adopta a sus padres. Así lo resolvió la jueza, Mariana Rey Galindo, al frente del Juzgado en Familia y Sucesión del Poder Judicial de Monteros.

El caso tuvo repercusión en medios nacionales por la particularidad de la situación. Pero detrás del hecho se entreteje una historia de vida, una familia y un cambio de paradigma de la justicia como herramienta para dar solución y el resguardo de un menor, entendido como pleno sujeto de derecho, que en última instancia solo quería ver reflejado en su DNI la conexión de un vínculo construido con amor.

Cuando la jueza recibió el caso en 2017, se reunió en audiencia con el niño de 11 años, sus padres de crianza y su abogado. "En un principio la causa se planteaba como un cambio de apellido, pero cuando hablo con Pablo, sus palabras fueron muy claras 'acomodame los papeles', merecía por lo tanto una respuesta igual de clara" así inicia el relato Rey Galindo en entrevista con MONTERIZOS.

Luego de tres años y ya con 13 años de edad Pablo obtuvo lo que deseaba "para cerrar ese circulo, él y su familia" expresa la jueza, quien desde un principio entendió que lo que quería el niño se enmarcaba en su derecho de identidad, llevar legalmente el nombre con el que se identifica y con el que lo reconocen los demás en su comunidad.

El derecho de entender lo que se decide sobre uno mismo

"A lo largo del proceso a Pablo se le explicó cada cosa que se realizaba o se realizaría". En un espacio donde se debaten miles de problemas civiles, en los que se encuentran conflictos familiares, donde la tensión y la violencia se hallan en cada expediente, los adultos se pierden y se asustan, quién podría pensar que en ese mismo lugar un niño no siente lo mismo.

"Hablar de forma clara es lo más importante, importa que la persona afectada entienda qué se está resolviendo sobre su vida. Con los chicos se habla con palabras simples, ellos son los protagonistas, el lenguaje empleado tiene que ser accesible entonces, sino no estaríamos hablando precisamente de una justicia accesible, el lenguaje técnico con los menores no sirve. Con los abogados hablamos de una forma, pero con niños es completamente distinto". Cuando Rey Galindo dice "distinto" y lo remarca, es porque desde el Juzgado en Familia y Sucesión se trabaja también otros planos de la comunicación que tienen que ver con hacer más amigable la relación con niños, niñas y adolescentes judicializados:

Si hay que notificar a menores, por las causas que sean, existe un formato de nota, la jueza muestra un ejemplar en la que se puede observar como marca de agua, a lo largo del texto, la imagen a color de manos de niño con pinturas. "Muchos chicos vienen aquí al ser notificados con ese papel en la mano y diciendo 'vengo porque me dieron esta carta' o 'me invitaste con esta carta', ellos lo entienden así, entonces nos manejamos con esas palabras nosotros también". Incluso el juzgado cuenta con expedientes que al pie de la última foja tiene dibujitos, que son "firmas" de los pequeños.

Los niños, luego de ser informados de los motivos por los cuales se encuentran en un juzgado, pueden darse por notificados y firmar a su manera en la nota.

"Los chicos tienen una forma muy espontánea de dirigirse y en eso radica su claridad para hacerse entender. Pablo me dijo 'No sé cómo, pero acomodame los papeles'. Hablamos de sus padres biológicos sobre los cuales dejó en claro que sabía de su existencia, pero que sus papás eran los que tenía al lado, es decir: su tía materna y su marido, quienes lo criaron desde los 5 días de vida. Es por eso que la sentencia se refiere a ellos todo el tiempo como padres, porque él los llama así, nunca identificó a otras personas con ese rol" explica Rey Galindo y agrega "Él firmó siempre con el apellido con el que se identifica, que es el de sus hermanos, el matrimonio tiene otros hijos. Pablo se presentó exigiendo al Estado una solución y el Estado, desde la justicia, debía dársela". "Soy hijo de mis papás y hermano de mis hermanos" había manifestado el menor en una de las audiencias.

El derecho de acceder a la justicia esté donde esté

Otro aspecto que se tiene en cuenta y que se contempló en el caso de Pablo fue el lugar. El menor y su familia viven en Tafí del Valle, jurisdicción que le pertenece al Poder Judicial Monteros. "Pablo tenía un abogado de adultos, pero no le podía decir 'ahora tenés que ir a San Miguel o Concepción a buscar un abogado que se enmarque en la figura de Abogado del Niño', hubiera sido un despropósito". Se otorgó entonces "el carácter de 'Abogado del Niño' a su representante, pero sobre todo porque respetó desde el principio el derecho y el contexto del menor y eso era fundamental".

Además, Pablo y su familia recibieron contención psicológica con un gabinete de Tafí del Valle. "Las audiencias se concertaban y el equipo de aquí viajaba".

En los casos, por ejemplo de los valles y que involucra a menores de edad, adultos mayores y personas discapacitadas, las audiencias se realizan en sus lugares de residencia, "Tratamos de agrupar las fechas, entonces el equipo del juzgado viaja y se trabaja con audiencias todo un día. Hacer que un abuelo de Colalao del Valle se traslade hasta Monteros o que a un menor que está atravesando por una situación delicada tenga que venir hasta aquí, a un lugar que no conoce, que pude resultarle frío y extraño, no es justo. No podemos pensar que es lo mismo venir a un juzgado para alguien que reside a tres cuadras, a nosotros que entramos a éste edificio todos los días, que para alguien que vive a kilómetros de distancia, eso no es justicia. El acceso tiene que ver con esto también, con aproximar la Justicia a sus lugares".

"Nosotros preguntamos 'dónde te parece mejor' y así se nos presentaron casos en que mujeres nos dijeron 'aquí, donde se prepara mermeladas hay un saloncito', sí en ese lugar estaban cómodas, o un poco más relajadas para hablar de temas graves, como los que había que tratar, entonces bienvenido". Rey Galindo reconoce que, sobre todo en el caso de menores, el lugar donde son entrevistados influye mucho en la actitud que toman.

El derecho "legal, legal" de ser quien se siente ser

"Hasta el final del proceso los padres biológicos fueron notificados, pero nunca se recibió una respuesta; no se puede desde aquí hacer un prejuicio del accionar de ellos. Pero al final, al no haber nada que obstruyera el pedido de Pablo, la sentencia quedó firme y hoy él puede poner en su camiseta, el apellido con el que siempre se identificó".

Había pruebas de sobra sobre el apellido con el que Pablo se reconocía, desde niño se presentó como Pablo C. y no con el apellido que figuraba en su DNI. Así lo conocen sus compañeros, amigos, en la escuela, en el barrio. Nunca había tenido un problema al respecto, hasta que la Liga Tucumana de Fútbol no le permitió poner su apellido, porque no era el que figuraba en su legajo.

Ese día Pablo se hizo preguntas que antes no se había planteado. El ¿quién soy? de la adolescencia se adelantó unos años. Pero de manera firme dijo a los adultos "Yo no soy ese, no me pongan ese apellido, no me pongan nada", un planteo que con 11 años llevó a la justicia, acompañado de sus padres y su defensor oficial ,"Quiero ser hijo de ellos legal, legal".

Que un niño, niña o adolescente sea Sujeto de Derecho implica el reconocimiento de su participación como actor activo de cambio dentro de sus espacios sociales donde se desarrolla: La familia, la escuela, la comunidad, etc. En plena vigencia de esa condición en Pablo "su voz, su participación en el proceso fue considerada con total valor. Le expliqué la diferencia entre hacer cambio de apellido e identidad, y no dudó en indicar que su pedido era sobre su identidad. Se le nombraron leyes, derechos que legitimaban su pedido, pero desde una invitación 'Googleá las leyes que apoyan tu decisión' y eso le encantó, es una manera de que él y otros niños sepan por dónde empezar una búsqueda, quizás no ahora con 13, pero sí más adelante les sirva frente a otras dudas".

Pablo también decidió, al conocer la diferencia entre tenencia, tutela y tipos de adopciones, que quería una adopción plena, es decir cortar todo vínculo con sus padres biológicos, aunque en la práctica no la tenía y ser hijo con todos los derechos de sus padres.

Esa determinación del adolescente llevó a otro planteo, explicarle a sus papás que ellos serían los adoptados "Tu hijo te va a adoptar" fue la simple frase de la jueza al papá de Pablo, quien no dudó en aceptar emocionado. Así también, mamá y papá se informaron que a partir de ese momento su hijo accedía a todos los derechos como sus hermanos, "claro si es mi hijo" había respondido el papá, sin dudar en el plano afectivo, pero desconociendo que legalmente lo podría hacer desde ese momento.

Cuando Pablo fue informado de la sentencia le preguntó a la jueza "¿legal, legal?", "legal legal" respondió ella. Era la afirmación, lo concreto, lo real que había esperado por casi tres años. "El discurso se hace realidad, la justicia se transforma en algo concreto. Los niños no son ciudadanos a futuro, lo son en toda su plenitud desde el hoy y al reconocer eso se abre una relación entre niños, derecho y justicia" cierra Rey Galindo.

Tras un largo proceso, en una esfera institucional que le era desconocida Pablo encontró, lo que aún muchos niños, niñas y adolescentes esperan: justicia. Una justicia que bajo un nuevo paradigma, los actores intervinientes: jueces, fiscales, secretarios, psicólogos y todo un mundo de adultos comprenden y/o comienzan a comprender que deben aplicar nuevas didácticas y recurrir a una transposición para aproximar el conocimiento a todos los sujetos de derecho, y actuar como puente entre infancia, adolescencia y el mundo que los rodea, un mundo significativo, en donde sí caben los sentimientos, lo emocional.

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