sábado 15 de junio de 2024
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29 May 2024

La virgen del Rosario y las lágrimas en su rostro que presenciaron los vecinos en 1719

El hecho fue definido como un "verdadero y auténtico milagro".

Foto de Archivo.

[Foto de Archivo.]

Fue un 29 de mayo de 1719 cuando un grupo de familias fueron testigos del inesperado hecho en la imagen de la virgen del Rosario.

Era una mañana fría cuando fieles católicos vivieron el milagro protagonizado por Nuestra Señora del Rosario. Un grupo de familias, la mayoría mujeres, se habían acercado al pequeño rancho, que cumplía las función de una capilla, en donde se reunían para saber sí había novedades de los parientes que estaban combatiendo desde hace tiempo a los malones que asolaban la nueva ciudad de San Miguel de Tucumán.

Estás mujeres al acercarse a la imagen observaron impactadas que las mejillas de la imagen estaban empapadas de lágrimas y su rostro había tomado un color rosado. Asustadas y desconcertadas comunicaron la novedad al sacerdote.

La autoridad religiosa, luego de comprobar lo que le indicaron las fieles, supuso que estaba frente a un milagro, por lo que de inmediato envió un mensajero a la iglesia más cercana pidiendo la presencia de otro cura. Éste otro sacerdote reafirmó la existencia de un "verdadero y auténtico milagro".

La noticia se difundió rapidamente por todos los lugares próximos al pago de los Monteros y, en pocas horas, el poblado se llenó de fieles que querían ver el milagro.

El hecho sobrenatural se puso apreciar durante tres días: el 29, 30 y 3. Tiempo suficiente para ser confirmado por las máximas autoridades de la iglesia católica, y clasificado como un auténtico milagro. Fue así que se procedió a incorporar en el archivo histórico, lo que expresaron los testigos, a fin de recordar a la posteridad el fenómeno sobrenatural.

Con el paso de los siglos los habitantes de Monteros sostienen en la memoria el hecho y lo celebran con gran fervor y respeto. Los fieles se acercan a la imagen con humildad, a la que es hoy por hoya patrona de protección a la comunidad, y solicita su bendición y prometerle devoción eterna.

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