8 Oct 2021 - 17:45

Bodas de oro y una generación bisagra en la educación monteriza

Hoy disfrutan de su jubilación y celebraron su Boda de Oro de Egresados de la Esc. Normal de Monteros. Dos relatos que dan cuenta de los cambios vividos en 50 años.

La Escuela Normal Julio A. Roca cumplió el 7 de octubre 114 años de vida. Cada año cientos de estudiantes egresan de alguno de sus 4 niveles y vuelven al siguiente año para seguir transitando su formación o incluso algunos se insertan como formadores. Una experiencia que vivieron las profesoras Olguita Salas y "Tere" González, como las siguen llamando sus ex estudiantes.

¿Profe? Sí, responden sin titubear ellas, que tienen más de 30 años con ese sustantivo que les precede a sus propios nombres. Y aunque hoy transitan otra etapa en sus vidas, siguen saludando en la calle o quién las llame porque fueron sus docentes o por la costumbre de la comunidad monteriza, para la cual, ellas, seguirán siendo "las profes".

Generación bisagra: formación docente y títulos de bachiller

Olga Salas rememora una adolescencia distinta a las que se viven hoy. Cincuenta años atrás transitaba su último año de secundaria, en un momento bisagra en el sistema educativo argentino, ya que los egresados ya no saldrían con título habilitados para enseñar, sino que por primera vez, la escuela Normal Julio A. Roca tendría egresados con orientación vocacional, que podrían seguir formándose en una instancia superior, si quieran ser docentes.

La escuela Normal, nacida para formar a formadores, se adapta en los 70' a un nuevo formato, que había comenzado a gestarse en 1968, durante el gobierno dictatorial de Onganía, en el que, por Decreto termina definitivamente con la formación de docentes en el nivel medio, pasándola al nivel superior, con dos años de formación. "Esta medida, que se pensaba para la administración Nacional, fue replicada en las provincias que contaban con magisterios propios. Al estudiantado, que esperaba obtener título de magisterio, se le otorgó título de Bachiller Pedagógico desde 1970 y tendrían prioridad para cubrir las vacantes en las nuevas carreras de Profesorado Especializado en Educación Primaria y Maestros Normales Nacionales en los Institutos Superiores de Formación Docente dependientes de administraciones provinciales. Ese año se abrió por primera vez la inscripción en las nuevas instituciones" explica al respecto Rodríguez Laura Graciela, en "Cien años de normalismo en Argentina (1870-1970). Apuntes sobre una burocracia destinada a la formación de docentes".

Esta medida afectó de manera directa a los estudiantes de la Esc. Normal de Monteros, que frente al nuevo panorama "La mayoría de los egresados optamos por continuar estudiando. Pero los nervios y el alivio de recibirse y obtener el título secundario quedaron marcados de por vida" revela Salas, quién jamás pensó que ese título que recibía fuera de menor valor, "La felicidad de llevarle el título a mi familia fue hermoso. Estudiar para mí fue tener que viajar todos los días desde Huasa Pampa a Monteros. Ese sacrificio era de mi familia, así que mostrarles ese logro, fue un gran alivio".

"Soy profesora y creo que mi decisión estuvo marcada por los excelentes docentes que tuve en mi secundaria y los menciona, uno a uno, con nombre y apellido. Los años 70 fueron muy turbulentos, pero nuestro momento por la secundaria estuvo definido por una formación estricta, de mucha calidad en contenidos, con mucha carga horaria de lengua, gramática, historia, literatura, y a mí me encantaba".

"Nuestra formación respondía a un paradigma educativo determinado, diferente a los de hoy. Distinto en cuanto a que correspondía a un formato social de una época. Yo elegí el bachiller en formación de letras, para huir a las matemáticas" cuenta entre risas la profesora, quién por las cosas de la vida volvió a la escuela Normal como docente, aunque reconoce que su gran amor fue la Esc. Técnica, en la cual se jubiló.

"No me gustaban los números, ni física y bueno me la llevé a marzo, en esa época la única oportunidad de rendir era en marzo. Pero no era la única, estaban conmigo Hugo Rojas y Silvia Seifert, (ambos también optaron la carrera docente). Teníamos que rendir con el profesor Fernando Carrizo. Estábamos tan nerviosos, aunque si habíamos estudiado, pero los nervios igual están, y de pronto Silvia comenzó a hacer sonar su párpado, si sí, el párpado, para distender la situación y nos comenzamos a reír y reír". Pensar en esa situación volvió a tentar a la profesora, que recuerda haber estado en el balcón del edificio escolar, mientras se reían por la ocurrencia de su compañera cuando fueron llamados para entrar a rendir. "Fue un 6 de marzo, no lo olvido. Aprobamos. Pero la felicidad no solo era por aprobar la materia, sino que al aprobarla nos recibíamos, con esa materia terminé el secundario".

"A la escuela Normal le debo todo"

Frente a la pregunta "¿Qué le dejó la Esc. Normal?" La profesora Teresa González no duda ni un momento su respuesta: "A la escuela Normal le debo todo". Su cariño por el establecimiento educativo parte de la realidad de haber transitado desde la primaria por esos pasillos, aulas, subir corriendo las escaleras para llegar antes que el maestro entre al curso, patios y olor a azhares, que se colaban por las ventanas, como ocurre aún hoy, de los naranjos en flor de la vereda.

"Me doy cuenta que la mayor parte de mi vida la pasé ahí, desde la primaria, la secundaria y después como profesora de Educación Física, ¡35 años como docente, enseñando en el playón! Vivimos tantas cosas con cada grupo: salidas, competencias, disfruté cada una de mis etapas en esa escuela, como no amarla. Y con esto me refiero a alegrías y tristezas, los momentos difíciles también se compartieron allí".

La profe, aún jubilada sigue haciendo honor a su profesión, ya que forma parte del equipo de Newcom de Monteros, los entrenamientos y los viajes (suspendidos solo por la pandemia) siguen siendo parte de su rutina diaria. "Hay cosas que no pude dejar, y eso que ya llevo varios años de jubilada".

"Me encanta cuando en la calle, en oficinas o por donde ande escucho un '¡profe!', me da gran felicidad, me demuestran su cariño y eso es gratificante. En mi época los tratos eran otros, pero igual tengo miles de recuerdos con mis compañeros. Por entonces la posibilidad de viajar no era fácil, teníamos que juntar la plata nosotros mismos y algunas veces en los viajes escolares nos alcanzaba para hospedajes y otras para camping, jamás hubo una queja, disfrutábamos compartir, sabíamos que estábamos en donde estábamos por nuestro esfuerzo".

"Y verlos de nuevo a mis compañeros será hermoso. Agradezco a la vida tener la oportunidad de vivir este momento, un reencuentro con mis compañeros de secundaria, 50 años después, ¡esto es un lujo y se debe celebrar!"