CIDEF: La cancha que alumbraron los sueños
Algunas historias nacen en las oficinas. Otras, detrás de un escritorio. La de CIDEF nació en una cancha oscura.
No había grandes instalaciones, ni reflectores, ni promesas de éxito. Había chicos esperando entrenar, profesores intentando sostener un proyecto que recién daba sus primeros pasos y un grupo de padres que se resistía a que la noche pusiera fin a la jornada. Entonces encendieron los motores de sus autos y apuntaron los faros hacia el campo de juego. La práctica continuó.
Años después, quienes estuvieron allí todavía recuerdan aquella imagen. Porque esas luces no sólo iluminaban una cancha. Iluminaban una idea.
La historia comenzó mucho antes. Desde 2017, los profesores que hoy forman parte de CIDEF trabajaban en el Club Atlético Ñuñorco, acompañando a niños y jóvenes a través del deporte. Con el paso del tiempo construyeron algo más importante que cualquier resultado: la confianza de las familias.

Cuando la pandemia golpeó en 2020 y las canchas quedaron vacías, el vínculo que habían creado fue puesto a prueba. Mientras el fútbol se detenía y la incertidumbre ocupaba cada espacio, decidieron seguir cerca de sus alumnos mediante clases virtuales. Lo hicieron para acompañarlos, para mantener viva la actividad y para no perder aquello que tantos años había costado construir.
Sin saberlo, estaban dando origen a algo mucho más grande.
El camino independiente comenzó entre dudas, sacrificios y mucho trabajo. Había que empezar de nuevo. Buscar espacios, generar oportunidades y encontrar la manera de competir. Pero las familias volvieron a responder. Niños, jóvenes y adultos eligieron seguir acompañando a quienes les habían enseñado que el deporte también es una escuela de valores.
Uno de los pasos más importantes llegó cuando el profesor y director técnico José “Pepe” Dip acercó al grupo a Walter “Keko” Sánchez. Gracias a ese encuentro, el proyecto obtuvo el respaldo necesario para participar oficialmente en la Liga Tucumana de Fútbol bajo el nombre de Fábrica de Sueños. Y el nombre parecía apropiado.
Porque durante aquellos años los entrenamientos se realizaban donde se podía: primero en calle Libertad, luego en Villa Brava Pollo. No sobraba nada. Pero tampoco faltaba lo esencial, había ganas, había compromiso, había una comunidad dispuesta a empujar para el mismo lado.

Después llegaron nuevas manos tendidas. Gustavo Rosales acercó la posibilidad de trabajar junto a Monteros Vóley, permitiendo que alumnos y profesores encontrarán mejores condiciones para desarrollar sus actividades. Más tarde, cuando otra vez fue necesario reinventarse, aparecieron Valeria
Ponce y la profesora Natalia para abrir las puertas de Monteros Hockey y garantizar la continuidad del proyecto.
Cada etapa tuvo sus dificultades. Cada cambio obligó a empezar una vez más. Sin embargo, lejos de debilitarse, CIDEF encontró en cada obstáculo una razón para crecer.
Hoy la institución desarrolla sus actividades en el Polideportivo Municipal, participa en la Liga Tucumana de Fútbol, compite en torneos provinciales y nacionales y continúa ampliando oportunidades para cientos de niños y jóvenes. Con categorías que abarcan desde los 4 hasta los 17 años, CIDEF se ha convertido en un espacio de formación, contención y aprendizaje donde el deporte es una herramienta para educar, acompañar y transmitir valores. Detrás de ese crecimiento hay estudiantes, profesores y licenciados en Educación Física convencidos de que el deporte puede transformar realidades.

Pero quizás el verdadero valor de esta historia no esté en los torneos disputados, en los viajes realizados ni en los logros alcanzados.
Tal vez esté en aquella noche fría de Monteros. Esos padres que encendieron los faros de sus autos para que los chicos siguieran entrenando.
Porque hay instituciones que se construyen con dinero y estructuras. CIDEF se construyó con algo mucho más difícil de conseguir: confianza, esfuerzo y pertenencia.
Y por eso, cada vez que una pelota vuelve a rodar en una de sus canchas, también vuelve a encenderse aquella luz que un grupo de familias eligió mantener viva cuando todo parecía estar a oscuras.
Por Ariadna Paz - Exequiel Tello (Especial)











