¿Quién fue León Rouges, y por qué se lo recuerda hoy?
Hoy es el nombre de una de las comunas monterizas, su legado trascendió por ser uno de los mayores contribuyentes en la producción azucarera de la provincia.
Un día como hoy, en 1944, fallecía en Córdoba el Dr. León Rouges, inmigrante francés que se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la industria azucarera tucumana. Fundador del Ingenio Santa Rosa en Monteros, dejó un legado que atravesó lo productivo, lo social y lo cultural, y cuya historia se vio marcada años más tarde por el cierre de ingenios durante el gobierno de Onganía.
El Ingenio Santa Rosa fue establecido en 1890, a un kilómetro de la Estación León Rouges, en el primer distrito de Monteros. La región donde se instaló se caracterizaba por la subdivisión de la tierra y la presencia de pequeños agricultores que trabajaban personalmente sus cañaverales. En 1944, tras la muerte de Rouges, el ingenio pasó a otros propietarios, pero continuó siendo un motor económico de la zona hasta que en 1966, bajo el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, fue uno de los 11 ingenios tucumanos cerrados en el marco del plan de “racionalización” de la industria azucarera. La medida provocó la pérdida de empleo para cientos de obreros y pequeños productores, generando un fuerte impacto social y económico en Monteros y alimentando la resistencia sindical encabezada por la FOTIA.
Rouges había nacido en 1832 en Boutx, Francia, y llegó a Tucumán en 1863, siguiendo la tradición de otros miembros de su familia vinculados a la expansión azucarera. Se casó con Mercedes Mañán y fue padre de Alberto Rouges (1880-1945), destacado filósofo y rector de la Universidad Nacional de Tucumán. La familia vivió en Monteros en un chalet de estilo francés que simbolizaba la prosperidad alcanzada gracias al ingenio, y su linaje se vinculó con otras familias tradicionales de la provincia, consolidando una presencia duradera en la vida social y cultural tucumana.
El legado de León Rouges permanece en la memoria histórica de Tucumán y en especial del departamento Monteros, como parte de la expansión de la industria azucarera y del desarrollo económico de la región, pero también como símbolo de las consecuencias que dejaron las políticas de cierre de Onganía en la vida de miles de familias tucumanas.











