Mate Cosido: el monterizo que desafió al poder, fue mito popular y obligó la creación de Gendarmería Nacional
La historia de Mate Cosido, el bandido social nacido en Monteros que fue tildado de Robin Hood y cuya persecución derivó en la creación de la Gendarmería Nacional en la década del ’30.
Segundo David Peralta, conocido como Mate Cosido, nació en Monteros y pasó a la historia como uno de los bandidos rurales más buscados del norte argentino. Admirado por los sectores populares y perseguido por el Estado, su figura marcó una época en el hampa del país
El 7 de enero de 1940 quedó grabado como una fecha clave en la historia policial y social del norte argentino. Aquella noche, en Villa Berhet, Chaco, Segundo David Peralta, más conocido como Mate Cosido, fue visto por última vez tras un violento enfrentamiento con fuerzas de una incipiente Gendarmería Nacional. Desde entonces, su destino quedó envuelto en un misterio que, más de ocho décadas después, sigue alimentando leyendas.
"Mate Cosido" había nacido el 3 de marzo de 1898 en Monteros, en el seno de una familia humilde. Tras completar la escuela primaria, trabajó en una imprenta junto a su padre, pero desde joven comenzó a tener conflictos con la policía. Su primer arresto se produjo en 1918 y, a partir de allí, su relación con las fuerzas de seguridad se tornó cada vez más tensa. Según distintas versiones históricas, un conflicto personal con un agente habría marcado el inicio de una persecución que, con el tiempo, lo empujó definitivamente al delito.
Durante la década de 1920, Peralta recorrió Tucumán, Santiago del Estero, Corrientes y Córdoba, acumulando causas judiciales y, al mismo tiempo, tejiendo una red de apoyos entre peones rurales y sectores postergados. Utilizó múltiples identidades para eludir a la policía y formó una familia junto a Ramona Romano, con quien tuvo a su único hijo.
Con el correr de los años, su figura se transformó en un símbolo. En un contexto de fuerte explotación laboral y dominio de grandes empresas y estancieros, Mate Cosido eligió como blancos a los poderosos. Él mismo se definió, en cartas enviadas a un medio porteño de la época, como el resultado de “las injusticias sociales y las persecuciones policiales”. Para muchos trabajadores rurales, no era un simple delincuente, sino un justiciero que desafiaba al poder económico.
En 1926 se instaló en el monte chaqueño, entonces territorio nacional, donde lideró una banda que protagonizó numerosos asaltos a grandes firmas como Bunge & Born, Dreyfus y La Forestal. Su accionar generó tal preocupación entre los sectores industriales que, según los historiadores, fue uno de los factores que aceleraron el proyecto de creación de la Gendarmería Nacional, presentado con carácter de urgencia en el Congreso en 1936 durante la presidencia de Agustín P. Justo.

Hacia fines de la década del ’30, la banda dejó los asaltos y pasó a los secuestros extorsivos. El último ocurrió en diciembre de 1939. El rescate debía ser arrojado desde un tren la noche del 7 de enero de 1940, pero el operativo había sido descubierto. En lugar de dinero, desde los vagones llovieron balas. Mate Cosido fue herido en la cadera y logró huir en medio del tiroteo.
Esa fue la última vez que se lo vio con vida. Las fuerzas de seguridad jamás lograron capturarlo. A lo largo de los años surgieron múltiples hipótesis: que murió desangrado, que regresó al interior tucumano o que escapó a Paraguay, donde habría vivido hasta el final de sus días. La única certeza es que su figura trascendió al delito y se convirtió en mito.
Para la historia oficial fue un criminal. Para buena parte del pueblo, especialmente en el norte argentino, fue un “bandido social”, una suerte de Robin Hood criollo nacido en Monteros, cuyo nombre todavía resuena cuando se habla de rebeldía, injusticia y memoria popular.











