Un equipo exitoso es como una mesa que tienen cuatro patas para sostenerse. Necesita un cuerpo técnico con buen ojo para elegir jugadores y la capacidad necesaria para transmitir lo que pretende desarrollar en el campo. Jugadores dispuestos a escuchar, asimilar los conceptos tácticos y llevarlos a la práctica con eficacia. Dirigentes dispuestos a sostener un proyecto. Pero también una dosis de suerte que siempre se necesita para alcanzar los objetivos. En la temporada 2001/2002 del Argentino A. Ñuñorco contó con las tres primeras. Sólo le faltó un poco de fortuna para conseguir el ascenso a la Primera B Nacional. No le alcanzó, pero el recuerdo de ese equipo conducido por Jorge Salas permanecerá en la memoria de los hinchas monterizos y de todos los que disfrutaron al verlo jugar.

De la nada, Salas le dio forma a un equipo que llenó de orgullo a los hinchas del club de Monteros. “Comenzó a buscar jugadores por toda la provincia y un día fue a ver a Jorge Newbery. Yo había vuelto a Tucumán después de jugar en el exterior y arreglé para disputar la Liguilla del torneo liguista de ese año. Después del partido me preguntó si quería ir a Ñuñorco. Acepté y cuando fui al primer entrenamiento encontré un plantel con muchos futbolistas que no conocía. Le pregunté si faltaban refuerzos. Me dijo que no. Que estaba todo armado. Al comienzo dudé, pero cuando comenzó la pretemporada mi opinión cambió. El trabajo realizado en Capitán Cáceres fue clave. Se armó un grupo bárbaro. Nos hicimos muy unidos y así nació el equipo que todos recuerdan. Nosotros nos divertíamos en la cancha y los hinchas disfrutaban en todos los partidos”, recuerda Floreal García, uno de los pilares de esa campaña.

En la fase clasificatoria, Ñuñorco tenía en su grupo a San Martín. “Con un rival así, lo lógica era pensar en buscar el segundo puesto”, recuerda García. Justamente el “Santo” fue el primer rival. En Monteros, el local arrancó perdiendo pero luego tomó el control del juego y terminó goleando: 4 a 1. Ese día todo cambió. Unos meses después ya no pensaban en lograr el segundo puesto de la zona. El objetivo pasó a ser llegar al fútbol profesional, algo impensado para los monterizos.

Momentos clave

La ronda final lo encontró peleando el ascenso con Comisión de Actividades Infantiles de Comodoro Rivadavia, ganador de la otra zona y candidato al título. Estuvo cerca del objetivo, pero ahí se notó la falta de suerte. “Perdimos tres partidos insólitos. En el primero con la CAI, nos equivocamos al intentar salir jugando, como lo hacíamos siempre. Perdimos la pelota y nos hacen el gol que definió el encuentro. En la revancha ganábamos 1 a 0, teníamos todo controlado pero erramos dos penales. Ellos reaccionaron y vencieron (4 a 1). Además, en San Luis, contra Juventud Unida, estábamos 3 a 1 arriba cuando pasó algo insólito: se cortó la luz y al reanudarse nos ganaron 4 a 3”, cuenta el futbolista que tuvo ciclos brillantes en San Martín y en Atlético.

Casi dos décadas después de esa campaña, García revela los secretos de la campaña. “Salas sabía transmitir lo que quería del equipo y conocía a la perfección lo que podía aportar cada jugador. Su cuerpo técnico también fue clave. El profe Oscar Cecotti hizo un trabajo extraordinario desde lo físico. Aldonate, el ayudante de campo, era el complemento ideal para Salas. El grupo se unió y se consolidó en todos los aspectos. Recuerdo que los miércoles quedábamos concentrados a la espera de los partidos. Todos nos sentíamos útiles. Si bien teníamos un equipo base, los que entraban jugaban en el mismo nivel. Eso fue fundamental. El rendimiento nunca se afectó. Jugábamos de memoria”, indicó.

El grupo se llevaba bien en la cancha y ese buen clima también se podía apreciar cuando no había partidos. “Los dirigentes (Miguel Ovejero era el presidente) fueron fundamentales. Cumplieron con todo lo prometido. Los martes nos reuníamos a comer pescado con ‘Pancho’ Serra, Said Adad y Ruiz Olivares. Ahí nos pagaban los premios, que eran mejores que el sueldo”, afirma.

Carlos Álvarez, Domingo Borque, Raúl Britos, Roberto Contreras, Walter Díaz, Daniel Galucci, Martín Anastacio, Walter Rodríguez -hermano mayor de “Pulguita”- Ricardo Amaya, Walter Ovejero, Ramón Fernández, Floreal García, Maximiliano Herrera, Eduardo Jalife y Mauricio García fueron algunos de los integrantes del plantel. “Por la forma que jugaba, ese equipo merecía ascender. Después no se le pudo dar continuidad al proceso. Yo me fui a jugar a México y varios compañeros pasaron a otros clubes. Me quedan gratos recuerdos de una ciudad muy linda, con gente cálida que siempre nos trató muy bien”, dice Floreal.

Ñuñorco estuvo cerca, pero no le alcanzó. Le faltó alcanzar la cima.

Fuente: La Gaceta