sábado 12 de septiembre de 2026
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12 Sep 2026 🔥 tendencia

Don Alberto Pardo, el hombre detrás de las azaleas de El Churqui que enamoran a miles de tucumanos

A unos 10 minutos de Monteros, un camino vecinal se transforma cada primavera en un espectáculo natural. Las azaleas, cuidadas durante décadas por Don Alberto Pardo, forman una extensa cortina de flores que cada año recibe a familias, ciclistas y visitantes de distintos puntos de Tucumán.

En El Churqui, a pocos minutos de la ciudad de Monteros, existe una postal que cada primavera vuelve a sorprender a quienes se acercan hasta este rincón del departamento. Entre plantaciones de arándanos y caminos vecinales, unos 300 metros de azaleas forman una verdadera pared de flores que convierte el lugar en uno de los paisajes más particulares de la zona.

Rosas, fucsias, blancas y distintas tonalidades se mezclan a lo largo del camino, mientras las flores caen sobre el suelo y completan una escena que parece salida de otro lugar. Familias enteras llegan para fotografiarse, compartir unos mates, caminar, andar en bicicleta o simplemente disfrutar de la tranquilidad del paisaje.

Pero detrás de esta belleza hay una historia de trabajo, dedicación y amor por la naturaleza. El hombre que durante décadas cuidó estas plantas es Don Alberto Pardo, un vecino del lugar que nació y creció en El Churqui junto a su familia, vinculada históricamente al trabajo de la tierra.

Alberto contó a MONTERIZOS que las azaleas llegaron al lugar cuando fue necesario instalar una cortina forestal para proteger las plantaciones de arándanos. En aquel momento, le consultaron qué especie prefería para realizar esa tarea y eligió las azaleas. “Entonces yo le digo que azalea. De entonces yo la he puesto y siempre la he cuidado”, recordó.

Lo que comenzó como una decisión vinculada al trabajo de la finca terminó convirtiéndose, con el paso de los años, en un verdadero atractivo natural. Alberto asegura que las cuida desde entonces y que el secreto está, en buena medida, en brindarles atención y cariño. “Yo creo que cuando uno le da amor y cariño a la planta, como a cualquier cosa, produce bien”, explicó.

Este año, además, las azaleas mostraron una floración particularmente abundante. Para Alberto, la explicación está en las lluvias que se registraron durante el año y que favorecieron el crecimiento de las plantas. “Mucho más por la lluvia. Porque otro año no sabía llover recién en la primavera. Entonces llovió bastante y eso es lo que hizo que produzca muchísima flor”, contó.

La escena no solamente atrae a quienes llegan desde Monteros. Cada temporada son miles los tucumanos que se acercan hasta El Churqui para conocer el lugar. Algunos llegan en familia, otros en bicicleta y muchos lo hacen simplemente para tomarse una fotografía rodeados de flores. Alberto observa ese movimiento con emoción. “La gente le encanta todo, el paisaje, todo. Este lugar es muy tranquilo, muy protegido por Dios”, expresó.

En medio de ese paisaje también ocupa un lugar central su profunda devoción por la Virgen del Valle. Dentro de su vivienda, un gran altar dedicado a la Virgen está rodeado de flores, helechos y azaleas, con el Sagrado Corazón como parte de ese espacio de fe que Alberto mantiene con especial dedicación. “Muy devoto del Valle y bueno, esto es una promesa”, contó durante la charla con MONTERIZOS.

La relación entre Alberto y las plantas también tiene una particularidad: no se trata de un trabajo exclusivamente estacional. Durante buena parte del año mantiene el lugar y realiza las tareas necesarias para que las azaleas lleguen en condiciones a la primavera.

Este año, sin embargo, una úlcera en uno de sus pies le impidió realizar algunas de las tareas habituales. Aun así, explicó que a comienzos de agosto pudo limpiar las plantas y retirar las malezas. Después, la propia naturaleza hizo el resto. “Una vez al año la limpio y la planta está ahí”, explicó.

El camino es vecinal y el acceso es libre. Alberto no pone restricciones para quienes quieren conocerlo, pero sí hace un pedido que considera fundamental: cuidar el lugar. “Claro, cualquiera, pero que no hagan daño, que no corten flores”, pidió.

Incluso explicó que muchas personas intentan llevarse gajos de las azaleas, aunque no siempre saben cómo reproducirlas. Según contó, existe una manera de hacerlo para que puedan prender y convertirse en nuevas plantas.

La llegada de visitantes fue creciendo con el tiempo. Alberto recordó que comenzó a mostrar el lugar en Facebook y que, a partir de esas publicaciones, cada vez más personas comenzaron a acercarse. “Cada año va más, más, más gente. Muchísima gente y gracias a Dios que viene y toda gente buena, que para acá vienen. Ninguno a hacer daño”, señaló.

Mientras las flores convierten el camino en una postal, Alberto continúa viviendo allí, rodeado por las plantas que cuidó durante gran parte de su vida. “Es algo especial”, expresó.

Al finalizar la entrevista, la emoción pudo más. Alberto agradeció a quienes visitan el lugar y reconoció que las palabras de cariño que recibe de los visitantes lo conmueven profundamente. “Perdóneme la emoción que he tenido. Soy muy, muy llorón en las cosas estas. Me emociono”, dijo entre risas.

Y quizás allí esté una parte de la explicación de por qué las azaleas del Churqui se convirtieron en mucho más que una cortina de flores. Son el resultado de décadas de trabajo de un hombre que eligió cuidar un rincón de su tierra y que hoy, cada primavera, abre esa belleza para que miles de personas puedan disfrutarla.

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