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22 Ago 2025

“Deshacer el mundo“: primera muestra individual de Adrián Sosa en Buenos Aires

El artista tucumano Adrián Sosa inaugura este viernes 22 de agosto su primera muestra individual en la ciudad de Buenos Aires, titulada “Deshacer el mundo”. La exposición, curada por Eugenia Garay Basualdo, se presenta como una invitación a repensar el vínculo entre materia, memoria y territorio, a través de obras que dialogan con lo ancestral y lo contemporáneo.

El evento tendrá lugar a las 19:00 h en Juan Ramírez de Velasco 556, en el barrio de Villa Crespo. La muestra propone un recorrido sensible por piezas que interpelan al espectador desde lo visual y lo conceptual, con una impronta profundamente ligada al paisaje y la identidad del noroeste argentino. En la inauguración, los asistentes podrán disfrutar de una selección de vinos ofrecida por crowdfarming.wine, en un ambiente que combina arte, encuentro y reflexión.

Con entrada libre y gratuita, “Deshacer el mundo” marca un hito en la trayectoria de Sosa, y representa una oportunidad para acercarse a una obra que nace desde Tucumán pero que se proyecta hacia nuevos públicos.

Deshacer el mundo, un mundo perdido en su propia oscuridad

Desatar una catarsis. Poner en acto, al mismo tiempo, todos los rastros de furia y tristeza, de lo humano, lo animal, en cada performance de sitio específico. Recapitular sobre origen, pasado y presente, para entender el porqué de la existencia en ese lugar y no en otro. Anhelar un futuro distinto. Vivir y revivir batallas propias y ajenas contra el mundo. Rebelarse en contra del destino para atravesar la guerra entre el progreso y el hambre. Renegar.

Poético y violento, el arte conceptual de Adrián Sosa (Monteros, Tucumán, 1994) se caracteriza por una honestidad brutal que cuestiona la existencia humana. Con paisaje, cuerpo, gesto y herramienta introduce al espectador donde la tierra da sus frutos y los obreros del campo, los trabajadores golondrina y de la construcción, resignan sus vidas.

Poetiza la ira contenida por generaciones a través del poder del audiovisual pensando cinematográficamente la manera de situarnos en su realidad. Reinterpreta el relato bucólico en el maltratado mundo del siglo XXI, bajo el calor del sol tucumano, en el verdadero Interior, injusto, desolador. Reivindica la fuente laboral del pobre, nobles oficios heredados, y protesta por la indiferencia de un mundo que interpone una lejanía inmisericorde, completamente desprovista de conciencia, una indiferencia cínica (Oliveras, 2024).

Cuatro obras relatan una historia sin principio y sin final. Las tres video-performances
Tierra baldía (Adrián Sosa-Walter Tolaba, 2017), Fuerza bruta (2020) y Cuando lo profundo está cerca (2023) producen signo, señal y señalamiento. Irrumpe la violencia como signo en la primera, aparece la señal de auxilio en la segunda y, corta dos rutas para demandar atención en la tercera.

El políptico Deshacer el mundo (2025) marca un punto de quiebre, al igual que esta exposición, con una serie ilimitada de machetas zafreras desgastadas y corroídas por el óxido, luego pulidas y grabadas, que se incrustan en la pared. Símbolos de un pasado cercano, cargadas con el trabajo rural precario, el
esfuerzo físico constante, la inagotable necesidad porque sobreviva la familia, y ese sacrificio que no cesará a pesar de que las máquinas reemplacen la mano del hombre.

Ésta acción de señalar proviene de todo un acto de rebelión colectiva cuya raíz se encuentra en el Taller C de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán. En su ADN podemos encontrar genes que provienen de una corriente propia de arte conceptual, la tucumana, que experimenta a su ritmo y con sus códigos, y cuenta con referentes como Marcos Figueroa, Carlota Beltrame y Geli González.

En cuanto a los aspectos audiovisuales -técnico, estético-, resulta imposible no cruzar líneas con el cine de denuncia social de la gran Región Latinoamericana con Fernando Birri (1960) y la Escuela de Cine del Litoral; la Estética del Hambre (1965) sobre el Cinema Novo brasilero que escribió Glauber Rocha, así como su Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964); la tangente abierta por Lucrecia Martel con Rey
Muerto (1995) y La ciénaga (2001); y, con la más reciente, Siete Cajas (2012) de Paraguay.

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