13 Sep 2021 - 12:07

Solo sería un tramo, pero al final ella recorrió Bs. As. - Monteros en bicicleta

Una mujer, mitad santiagueña, mitad monteriza, con una vida hecha en Buenos Aires cuenta a MONTERIZOS su particular viaje, marcado por miedos, el amor, la identidad, el feminismo y la esperanza.

En Monteros tenía a su familia, las ganas de verla aumentaba cada día, mientras vivía el trajín diario en Buenos Aires. La primera opción fue sacar los pasajes, pero los protocolos y las fechas dificultaban todo. "Entonces dije, me voy en bicicleta hasta Rosario y de ahí me tomo el tren a Tucumán". Era una forma de adelantar camino, con la esperanza de que en la provincia vecina encontrase pasaje con opciones más acorde a sus tiempos.

Así empezó la travesía de Yoselina Pedraza. Tiene ... años y es ..... Vive en Buenos Aires, tiene una hija, y una aventura que merece ser escuchada, contada, narrada, difundida y atesorada.

Lo que tenía planeado en una primera instancia no pudo concretarse, al llegar a Rosario - Santa Fe, se dio con que el tren que viajaba al norte recién saldría un día después. "Pensé que lo mejor era adelantar ese día de viaje y seguir en la bici y hacer un poquito más de camino" en la fiel compañera de dos ruedas.

"Cuando me di cuenta ya había recorrido la mitad del trayecto planeado, así que me dije: puedo hacerlo, puedo llegar a Tucumán, y fue mucho mejor, porque es una experiencia que me conectó mucho más con el camino, que no hubiera ocurrido al tomar un micro". Cuando Yoselina dice esto, no refiere solo al hecho de ver el paisaje, charlar con personas y a su ritmo, sino también al deseo de avanzar y pasar por Santiago del Estero, provincia de donde era su mamá, y que ella deseaba conocer, "tenía que ver con conocer esos pueblos que hacen a mi identidad".

El pase por Santiago la volvió a conectar incluso con su nombre: Hasta días atrás y en la gran ciudad, todos la llamaban "Yoselín", un apodo "chic" derivado de su nombre que tiene su origen y razón de ser en su abuela: Selina. "La ciudad te coloniza, mi nombre tiene que ver con mi abuela, a la que conocí. Pero en Buenos Aires comenzaron a llamarme 'Yoselín'. Pero después te das cuenta de la fuerza de tu nombre y cada acto de tu vida que está entrelazado con tu familia. Pasar por Santiago me hizo interpelarme todo eso y decir: yo soy Yoselina".

De la gran urbe, a los pueblitos

Alejarse de la contaminación sonora, visual y del aire, permitió a Yoselina pensar más en el camino y no en la necesidad apremiante de alcanzar un tren o micro. Y pronto se convenció que lo que estaba haciendo valía cada esfuerzo al pedalear. "Conocí un pueblito que se llama Real Sayana, en Santiago, de 300 habitantes, con gente super bella, y ahí caí en que tener escuelas es un privilegio, porque algunos naturalizamos ese acceso a la educación, pero hay lugares que no tienen esa posibilidad, y ahí las madres hacen todo lo posible para que sus hijos sí estudien, accedan a lo que ellas no tuvieron".

Ahí Yoselina también encontró la respuesta a la decisión de su papá de dejar su tierra natal y probar suerte en Buenos Aires. "Entendí por qué para mi papá y mi tía Aurora, que vive en Buenos Aires, Monteros será un amor especial. Él dejó su lugar, su paraíso monterizo en busca del progreso y el amor a ésta tierra lo recibí de ellos, pero ahora entiendo con mayor claridad la magnitud de ese vínculo con el lugar".

Mujer, en bici y sola

Cuando Yoselina es consultada por MONTERIZOS sobre las dificultades del camino, larga una reflexión que la acompañó a lo largo del viaje: "No debería ser un acto de valentía, para una mujer, el subirse a una bicicleta y querer llegar sana a algún lugar".

"No niego que sí tuve miedo, pero era un viaje que tenía que ser, yo sé que mi familia estaba preocupada, pero también me ocurrió que me encontré con mucha gente en el camino que me cuidó, sobre todo mujeres, mujeres que estuvieron muy atentas a mi persona; me prestaron ropa, me dieron agua caliente. Me sentí muy amparada por mujeres, y que esto tiene que ver con el feminismo, con la protección entre nosotras. Tuve una madrecita en cada lugar".

El miedo en Yoselina se fue disipando a medida que se alejaba de Capital Federal y es que "el miedo estaba, pero ya al entrar en provincia - Gran Buenos Aires - te das cuenta que la construcción social es de otra manera, entonces tenés cierta tranquilidad. Pero igual de noche si sentía temor, por lo que dormía con un cuchillo al lado, pero más fue por costumbre después. Todas las noches le avisaba a mi hermana en dónde paraba, con dirección exacta y al otro día en la mañana, de nuevo le avisaba cómo había amanecido".

Otra forma de ir dejando rastro, fueron sus posteos en redes sociales, "de pronto se armó una red, que me permitió ir dando cuenta de mi trayecto y que muchas personas supieran dónde había estado".

Yoselina escuchó varias veces en su camino en bicicleta la palabra: valiente. Un término que ella misma lo reformula en un sentido profundo y trasversal a su historia de vida, que viene de mucho más atrás: "Y es que mi abuela Carmen llevó adelante a toda su familia siendo mamá soltera, en una época donde su situación se cuestionaba socialmente; mi tía Patri que luchó siempre para salir adelante con sus hijos y son todos artistas y de los mejores. Entonces este viaje me permitió seguir mi árbol genealógico y abrazar a todos los valientes de mi familia, para yo poder fijar más mi identidad".

El viaje le dio a Yoselina una certeza de la cual se aferró hasta llegar a destino "mi mirada, la fuerza de mi mirada, me sirvió para que cada hombre en el camino supiera que él no tenía más poder que yo". Ya en el último tramo, sobre Ruta 9, volvió a sentir ese temor de los primeros días, cuando se subió a la bicicleta "y es que iba caminando, la bicicleta ya estaba reventada, y se me había hecho de noche, iba aferrada al cuchillo. Un gendarme me explicó después que esa ruta tiene muchas muertes y esa intensidad se siente. Pero también pensaba en que el miedo no podía paralizarme. Tenía que seguir adelante".

Además Yoselina ya había pasado la frontera de Santiago hacia Tucumán. Fue en Leales cuando su fiel compañera de dos ruedas dijo basta, "Pero yo ya me sentía victoriosa, porque estaba en la provincia de destino. Lo que ocurrió es que estaba en zona de cañaverales, con menos población. Cuando se rompió la bici, me ayudó una familia, ¡toda una familia! Y en medio que estaba arreglando la bici, con la ayuda de una chica jovencita, de 16 años, ella me empezó a hablar de feminismo y me dijo 'aunque sea en llantas, pero llegue', eso me pareció muy hermoso, sentí ese impulso, me quedé conmovida y entendí cómo a ella la interpelaba el hecho que yo llegue a destino".

"Llegué por ella, por mí. Llegué para dejar un mensaje a mi hija, que el día de mañana si se sube a una bicicleta podrá hacerlo con tranquilidad. Llegué por todas las que no llegaron a sus destinos" afirma la ciclista quién también revela que anhela mayores cambios en la sociedad, para las generaciones venideras.

El recibimiento monterizo

¿Lo imaginabas? "Jamás, no" dijo Yoselina sobre el recibimiento que tuvo en Monteros. "El amor de mis primos y mi tía fue reparador después de un viaje en el que sí dormí incómoda, dormí en suelos. Así que llegar y sentir la calidez de una cama, el olor a tamales, a choclo, me llevó a mi infancia, que es también la de mi tía, la de mi papá. Pero lo mejor de todo es que este viaje fue LA felicidad, que el llegar fue LA felicidad, y que este lazo que nos une como familia no tiene comparación".

El camino se abre y sigue

Yoselina se quedará disfrutando del amor de su familia monteriza por un tiempo. Cargará pilas, arreglará su bicicleta y la ruta la llama de nuevo.

Sueña y diseña ya su próximo destino "Quiero seguir hasta Jujuy y ver si puedo llegar a la frontera, volver a Monteros y después ir a la Fiesta de los Bombos", dice entre risas, pensando en ese retorno a la otra parte de sus raíces en Santiago. Aunque su mirada no lo oculta: habrá más caminos por recorrer.