Maxi necesita con urgencia el avión sanitario y que el Garrahan lo reciba
Maximiliano López es un estudiante que en estos momentos se encuentra internado en el Hospital Padilla, en sala, en un cuadro delicado y que ni los propios médicos pueden definir qué tiene. En tanto el cuerpo de Maxi se deteriora a los ojos de sus padres que ruegan que su hijo sea tratado por otros especialistas. Y para ello hay que trasladarlo a Buenos Aires ¿Por qué no se lo hizo todavía? ¿Qué está faltando?
“Los médicos del Padilla hicieron todo lo que podían hacer a su alcance, incluso su doctora, la que lo está atendiendo desde enero, envió el pedido al Garrahan. Pero hasta hoy no hay respuesta. Urge su traslado, pero hasta que el hospital de Buenos Aires no lo acepte no se lo puede llevar. Desde el lunes esperamos novedades, de alguna forma esto se debe agilizar, es por eso que en la desesperación dimos a conocer el caso, para ver si llega a las personas del gobierno y pueden mediar ante la situación” explicó a MONTERIZOS, Clorinda López, tía de Maxi.
La angustia de Clorinda es la angustia de toda una familia que solo quiere volver a ver a su sobrino caminar por sí solo, sonreír, escuchar su voz, verlo llegar a casa, y escuchar cómo le fue en su día. “Mi hermano y mi cuñada están desesperados, todo el tiempo al lado de él y lo peor es qué no saben cómo lo pueden ayudar. Pedimos por favor que, si las autoridades del estado tienen alguna forma de mediar por Maxi, para que su recepción y traslado a Buenos Aires sea lo antes posible, lo hagan”, la voz de Clorinda se vuelve a quebrar, su preocupación y su pedido son desesperantes.
El adolescente no cuenta con obra social, la familia costeó el último análisis que se le hizo, y que debieron pagar por aparte, porque en el hospital no lo realizan. “Se hicieron rifas y agradecemos la colaboración de todas las personas que ayudaron. Pero ahora la cuestión es otra, es burocrática” afirma con pesar Clorinda.
El infierno que empezó de un día para el otro
A mediado de enero Maxi manifestó por primera vez una convulsión, fue llevado al médico de inmediato, lo internaron en el Padilla, donde realizaron cientos de estudios, y lo tuvieron bajo estricto control, además del requerido por la pandemia. No hallaron nada fuera de lo normal. Al tiempo fue dado de alta; en su caso volvió a presentar nuevos episodios de convulsiones y otras irregularidades psicológicas, frente a esto último, inició un tratamiento por esquizofrenia, pero no arrojó ningún cambio positivo. Maxi empeoraba.
Fue internado por segunda vez en el Padilla. Maxi entró caminando, consiente en espacio y tiempo. Pero a los días su situación cambió. Hoy, el adolescente de 15 años que bailaba folclore, que se reunía con sus amigos intentando recuperar el tiempo sin verse por la pandemia, que esperaba el retorno a su escuela Técnica de Río Seco; se encuentra postrado en la cama del hospital, sin poder moverse, sin poder hablar, siendo alimentado a través de una sonda. Sus padres no se alejan de él, lo hablan, lo tocan… lo esperan. Al igual que desde su casa, lo hacen su hermana de 12 años, y su otro hermano, el mayor, de 17, como también sus otros parientes, amistades, profesores y vecinos.
Maxi López no cuenta con diagnóstico, es decir ningún médico de Tucumán pudo identificar qué es lo que tiene. Necesita ser analizado con otro equipamiento, más complejo de los que hay en la provincia. Pero para ello el pedido enviado desde el Padilla al Garrahan debe ser aprobado, luego solicitar el avión sanitario. Todo es cuestión de trámites y de tiempo “el tiempo es todo, sabemos que las instituciones se manejan a otro ritmo, pero mi sobrino se deteriora cada minuto que pasa” advierte una tía que habla en nombre de la familia, porque los papás de Maxi solo se mueven alrededor de él hace semanas, no volvieron a casa, no duermen. La esperanza de recibir el llamado que tanto necesitan es lo único que los mantiene en pie.









