Era una oportunidad para aprovechar al máximo. La ciudad de Monteros, con la organización a cargo de la “Biblioteca Bartolomé Mitre”, fue en la primera semana de diciembre de 1975 sede del “II Campeonato Nacional de Clubes Campeones-Categoría Cadetes Mayores”. Social Monteros tenía su lugar asegurado y todavía en sus vitrinas la gloria nacional estaba ausente. Los jugadores de entre 17 y 18 años no dejaron escapar la chance. Eso les transmitió el técnico Antonio Moreno, que con seis meses de trabajo previo guió a ese grupo de jóvenes para que por primera vez el club monterizo triunfara en un torneo nacional.

“Él se propuso inculcar la idea de salir campeón”, destacó Raúl Andrade, preparador físico del equipo que hace 45 años logró la gesta. Andrade destaca la labor que hizo Moreno, que actualmente no atraviesa un buen estado de salud. Alimentación, trabajo y descanso fue el programa integral que propuso encarar Moreno. Y fue también más allá. “Se transformó en la persona que estaba en los detalles más pequeños. Lo más importante era andar muy bien en la escuela, no llevarse materias para ganarse el puesto, andaba por las noches controlando que los chicos estuvieran durmiendo”, pone de ejemplo Andrade.

Según Oscar Amran, lo que transmitió Moreno fue fundamental para vencer a los dos máximos favoritos de los seis equipos que compitieron. “‘Toño’ fue un verdadero maestro como formador de jóvenes que supo aprovechar y obtener las mejores condiciones de sus jugadores”, describió “Chaca”. Será ese toque de mística lo que llevó a Amran a ser una de las figuras en la intensa final. Además de saber manejar los tiempos de un partido bien “chivo”, como se dice en el barrio. “Cuando el juego estaba 2-2, en el cambio de lado tuve un intercambio de palabras con Daniel Castellani”, recordó Amran. Sí, se le plantó al Castellani que ya pintaba para lo que después logró: un bronce mundialista, en 1982, y uno olímpico, en 1988. “Del otro lado de la red, les dije a mis compañeros que salir subcampeón no servía y que el partido se ganaba o ganaba”, rememoró Amran.

Todo el equipo estaba encendido. Las palabras de “Chaca” eran razonables porque Social Monteros venía de dejar afuera a Regatas de Santa Fe en cinco sets y le estaba dando vuelta el partido a Gimnasia y Esgrima de Capital Federal, que en la previa tenía todos los números para ser campeón.

En menos de 48 horas los monterizos estaban dando cuenta de más de media Selección nacional. Realmente, no servía el segundo puesto después de un torneo tan intenso. Con semejante trámite de partido, la cancha era un infierno. Había quedado gente afuera; estaba en la vereda escuchando por los parlantes que se colocaron sobre calle Rivadavia a la potente voz del estadio de Dante Juárez que hacía saber lo que pasaba en cada punto. En ese quinto set los nervios jugaron en contra. En el cambio de lado, Social Monteros se encontró con una apremiante desventaja de 0-8. Todo parecía perdido, pero hubo reacción. Las distancias se acortaron, el marcador señalaba 10-4, todavía a favor de los visitantes. Y hubo una orden, casi divina, del técnico a Amran que estaba en el servicio. El saque flotante de “Chaca” hacía muy difícil la recepción y con él lograron tres puntos seguidos. La desconcentración de Gimnasia y Esgrima aportó a la levantada monteriza en forma de errores y la distancia se borró. Social Monteros se adueñó de la ventaja, puso las cosas 13-10 y se encaminó hacia la corona. Algunos jugadores terminaron de jugar entre las lágrimas, conscientes de que la gloria ya era de ellos. Primero el festejo se dio con jugadores, hombres y mujeres zambulléndose en la pileta del club.

Después los protagonistas fueron llevados en andas y en la plaza de la ciudad dieron la “vuelta olímpica” para terminar con una caravana de autos por todo Monteros.

“Me acuerdo también del desfile previo”, aportó Enrique Racedo. El ahora doctor pone en claro que no sólo hubo fiesta al final del Argentino; antes también, y que ese medio año de trabajo fue fundamental para hacerles frente a equipos superiores. “La preparación fue distinta a todas las que veníamos teniendo. Antes no se programaba en el tiempo. A tal semana yo quiero tener tal resultado y vemos si hay progreso o no”, describió Racedo.

Un aspecto de ese modo innovador de trabajo lo dio Andrade con su modo de fortalecer al equipo físicamente. “Buscaba que los chicos llegaran más alto a la red y les propuse que cada uno se confeccionara un chaleco con muchos bolsillos. En ellos tenían que poner arena y probar hasta donde podían trabajar con comodidad”, contó. “En la primera etapa del entrenamiento íbamos trotando hasta el río dos días a la semana, dos kilómetros, y hacíamos trabajos de fuerza y resistencia. En los tres meses siguientes fuimos trabajando en la parte técnica, velocidad y agilidad”, completó sobre el plan de trabajo.

Los protagonistas
Enrique Racedo
Francisco Nieva
Raúl Rosso
Julio Corroto
Daniel Rodríguez
Carlos Aybar
Oscar Amran
José Gimena
Luis Buffo
Héctor Mena

Antonio Moreno (D.T)
Raúl Andrade (P.F)

Fuente: La Gaceta