En todos lados, en todos los momentos, el tiempo dura lo mismo. Federico Pereyra podría desafiar esa verdad absoluta. Los segundos se estiraron como un chicle mientras desde Arabia Saudita esperaba volver a ver a su esposa y a su hijo. En aquel país tan distante geográfica y culturalmente a la Argentina jugaba al vóley​ y quedó casi varado al cancelarse el torneo y no poder retornar por un buen rato al suelo albiceleste por el coronavirus y el aislamiento. Y así comenzó la primera de las cuarentenas del opuesto de la Selección Nacional, que le cuenta su experiencia a Clarín desde San Juan, donde pudo llegar recién a fin de mayo.

“Desde el 3 de marzo, estábamos encerrados. Yo tenía contrato hasta mayo pero el campeonato se canceló y algunas copas que había a fines de temporada también, así que cada jugador arregló con el club y se fue a su casa”, explica quien jugaba en el Al Hilal, club al que había llegado en noviembre pasado. Claro que el hogar del voleibolista quedaba a nada menos que 13 mil kilómetros y, antes de que pudiera volver, se cerraron las fronteras argentinas.

Al principio, Pereyra trató de aguantar y acostumbrarse. Sin embargo, al poco tiempo comenzó a desesperarse al ver que desde múltiples países se ponían en marcha vuelos para repatriar argentinos, pero Arabia Saudita nunca era incluida. Estuvo a punto de viajar a Brasil, pero como las autoridades de ese país no tenían la certeza de que los argentinos fueran recibidos en Ezeiza, decidieron no recibir a sus vecinos. Incluso llevó a uno de sus compañeros, australiano él, al aeropuerto, lo que no hizo más que recrudecer su desazón.

Federico Pereyra viene de jugar en el equipo de vóley del Al Hilal, el club más poderoso y popular de Arabia Saudita. Anteriormente, pasó por el Al Ahli (foto).

Su mujer, Alejandra, y su hijo Lorenzo se habían salvado de quedar en la misma situación por una situación inesperada y dolorosa. “En diciembre mi suegro falleció y mi esposa se quedó en Arabia. Para febrero, con el equipo teníamos una Copa del Golfo en Kuwait y después un campeonato árabte en Egipto. Casi todo febrero iba a estar viajando, así que le dije que volviera y de paso hiciera el duelo con su familia”, explica Federico.

“Al final, menos mal que se volvieron -suspira-. Estar encerrado en Arabia en un departamento hubiera sido difícil para mi nene (tiene dos años). Sólo podía salir yo a hacer las compras a la mañana. En San Juan al menos el nene podía jugar en un patio y estar contento».

La situación de Federico era bien distinta. Por eso cuenta que, agotado de ver que no salían aviones de Medio Oriente, decidió jugarse un pleno e irse a Londres el 11 de mayo pasado. “Era mucho más factible volver a la Argentina desde ahí, aunque tuviéramos que pagar algunos días de hotel y aunque todavía no tuviéramos el vuelo de repatriación”, argumenta.

Habla en plural porque se juntó con dos conocidos, instructores de crossfit, con los que había entablado una relación cercana.

“No tuvimos problema en entrar a Londres, porque era uno de los pocos lugares, sino el único, que estaba recibiendo turistas”, dice el sanjuanino, que viajó 15 horas en el auto del embajador en Arabia, Marcelo Gilardoni, para llegar al aeropuerto, no sin antes atravesar “una tremenda tormenta de arena” y luego lluvias.

Desde ahí, avión a Inglaterra (“Me lo pagó el equipo”, destaca) y a esperar. La suerte, a partir de las manos de los diferentes actores de las cancillerías, empezaba a acompañar.

Federico Pereyra y su esposa Alejandra.

“Estuvimos una noche en Londres y recibimos un mail de Aerolíneas con la confirmación del pasaje -relata Pereyra-. Pero teníamos que sortear otro problema, que era el ingreso a Italia, porque el vuelo salía de Roma. Y a Italia no estaban dejando entrar extranjeros“.

Gracias a la gestión de Gilardoni, que antes de ser designado en Arabia había sido ministro de la Embajada en Roma, el opuesto argentino logró entrar en Italia. Incluso la dependencia diplomática encabezada por Tomás Ferrari le brindó alojamiento durante el puñado de días que debió esperar hasta subir al avión. “Sin ellos, esto hubiera sido imposible. Les estoy muy agradecido”, dice.

Federico Pereyra y su hijo, al regreso.

Además del alivio que significaba retornar al país, ganaba la tranquilidad de dejar atrás una situación que en un par de semanas se complicó muchísimo en Arabia Saudita. “Cuando yo me fui, había 28 mil contagiados y se estaba empezando a abrir todo, hasta los shoppings. Era un quilombo por todos lados”, asegura, conocedor de la situación. Los conteos públicos oficiales ponen hoy a Arabia Saudita en el 13° lugar del ranking de contagiados de coronavirus, con 213.000 casos y casi 2.000 muertos.

Cuando Pereyra estaba en aquel país, la curva aumentaba de a menos de 300 casos por día. Luego de un salto en mayo hasta a 2.800 casos en una jornada, el pico llegó el 17 de junio, con 4.900 nuevos contagiados. 

Ya en San Juan, donde llegó en taxi desde Ezeiza, cumplió con la cuarentena de 14 días hasta que volvió a ver a su familia. “Los extrañé muchísimo. Todos los días metimos videollamada y en una de esas ocasiones me dijo: ‘Papá, papá’, bien clarito. Tenía un papelito con las fechas, que fui tachando con cruces, como los sopres”, se emociona y se ríe Pereyra, de regreso con los suyos.

El postergado sueño olímpico

“No estábamos en condiciones de afrontar semejante competición. Esperemos para el año que viene estar fuertes y tener la posibilidad de pelear por un lugar”, dice el opuesto, que participó de la cita olímpica con la Selección​ en Londres 2012 y quiere volver a vivirla en Tokio 2021.

El futuro

“Estoy por arreglar con un equipo de Qatar. Cuando me llegue el contrato, firmo. Supuestamente a fines de septiembre empezará la liga. El tema es que no sabemos cuándo iremos a entrenarnos. Pero espero que se dé, porque es un equipo en el que me van a dar 40 o 50 pelotas por partido y me van a exigir mucho”.

Las dificultades para entrenarse

“Es muy difícil mantenerse en forma en esta situación. En lo que es el juego, olvidate. Hace meses no toco una pelota. Y físico, muy poco, apenas mantenimiento con pesas y ese tipo de herramientas. Más que hacer algo de aeróbico en la cuarentena y en la situación en que estaba, no se podía”.

Fuente: Clarin