Foto a modo ilustrativa.

Las crónicas de la fatídica madrugada del lunes 30 de diciembre de 1991, detallan que un grave accidente de tránsito se había producido en la ruta nacional 38 a la altura de la empresa Layco.

El oficial de turno de ese momento, era un incipiente suboficial ayudante, Guido Salas, militar, héroe de Malvinas, y en ese entonces con una ascendente carrera dentro de la fuerza policial. “Un llamado telefónico nos advirtió que un grave hecho se había producido en la ruta, al llegar al lugar, junto con otros compañeros, nos dimos con un paisaje desolador, un Peugeot había colisionado desde atrás a un tractor que iba trasladando discos de arado produciéndole la muerte a todos los que iban en el vehículo”, detalla Salas a MONTERIZOS, el hoy Héroe de Malvinas, y Comisario Retirado de la Policía de Tucumán.

Junto con sus compañeros de trabajo, Salas perímetró la zona,  y reconoció a un joven de apellido Bazán, entre los fallecidos. Luego dio intervención a Criministalística y los cuerpos fueron trasladados a la morgue, y quienes estaban con heridas al Hospital Lamadrid en un primer momento. Mas tarde se supo que las víctimas fatales eran cinco jóvenes monterizos de apellidos Alí, Amado, Bazan, Luna y Manca, «Los cincos Gorriones».

“Ese día mi turno se cumplía a las 8 de la mañana, pero por el accidente me quedé a terminar todos los papeles referido al accidente para que luego la justicia pudiera determinar las causas, y ahí, estando todavía en la comisaria se apersona el comerciante y vecino de Monteros, señor “Kike” Flass y nos informa que el gerente del banco le comunicó que en ese momento estaban asaltando el lugar”, cuenta con minuciosidad.

Guido Salas continúa relatando y agrega que el remplazo de él también se suma junto a dos oficiales de mayor jerarquía para ir al Banco Nación para verificar el problema. “En teoría los asaltantes estaban adentro del banco, pero cuando nosotros llegamos estaban los jubilados haciendo cola para cobrar, y había un diariero que al vernos nos preguntó qué es lo que pasaba y le dijimos que era una medida ya dispuesta para ver como reaccionaba el banco ante una eventualidad, para no alarmar a nadie”. “En ese instante, sale desde el banco un hombre vestido de policía con el arma desenfundada y el tesorero de esa época, el Sr. Berge, ambos se acercan y el tesorero me preguntaba que pasaba, sí había algún problema por lo que estaban ahí y al final me dijo que todo estaba normal en el lugar”. “El siempre miraba al policía que tenía al lado, nunca me miró a mí al decirme las cosas, y el sujeto este nunca apartó su manos de la cintura, donde tenía la pistola, cuando ellos vuelven al banco desde calle Belgrano, Berge me hizo una seña varias veces con la manos y dedos, diciendo no”, cuenta.

Mientras tanto, sus compañeros estaban cerca de un sitio baldío, frente a la Capilla del Colegio Santisímo Rosario, la que llamaban la “L”, ya que conectaba 25 de Mayo con Belgrano. “Yo comienzo a caminar hacia ellos, sin que se den cuenta, y antes de entrar al banco lo salto sobre su hombros al supuesto policía, le agarro la pistola, y don Berge, lo empuja y sale corriendo”. “Mi compañero veía que dos policías estaban luchando en el piso, yo no quería que reaccione con la pistola, y él seguía sorprendido al parecer, cuando quiere acercarse, otro delincuente lo sorprende desde atrás le pega un culatazo, lo voltea, y le pega un tiro en la pierna, mientras tanto yo seguía luchando con el otro asaltante y trataba de cubrirme para que no me pegará a mí, y uno de los otros tres encapuchados, que estaban saliendo desde adentro del banco, me pegó un tiro en la pierna, suben a un automóvil y escapan a toda velocidad”.

Quienes socorrieron al Héroe de Malvinas, fueron empleados de la empresa de distribución eléctrica, que estaba al frente, y ellos en una camioneta de su propiedad lo llevaron al Hospital Lamadrid.

“Ahí me revisan, pero por la gravedad de la herida deciden trasladarme hacía la capital tucumana en una ambulancia, y en la misma, lo trasladaban al conductor del tractor del accidente de la madrugada”. “Era creer o reventar”.

El relato de Salas sobre estos dos hechos que sacudieron a Monteros la mañana de 30 diciembre de 1991, es  preciso, con detalles puntuales y una última confesión: “Estoy seguro que el supuesto policía que me pegó el tiro me conocía, por eso no me mató, tenía todo para hacerlo, bajó el arma y me pegó en la rodilla”, cierra su cruda historia de un lunes que enluto y conmocionó a los monterizos.