1.20 de la madrugada del jueves 12 de diciembre. Banco Macro.

Don Carlos se pone las zapatillas, prepara una bolsita con caramelos, el equipo de mate, un almohadón, una reposera y un paraguas «por las dudas llueve», se sube a su moto, acomoda lo mejor posible la reposera y se va ¿A la playa? No, al banco.

Don Carlos es de Monteros y salió a las 23:30 de su casa para ir a hacer la fila en el cajero. Le urge tener su platita, porque los medicamentos se terminan, y aunque intentó no tomarlos todos los días, su médico de cabecera lo retó y le dijo que con la salud no se juega. Pero don Carlos, no llega a fin de mes y para cobrar tiene que estar horas esperando bajo el sol de diciembre o como ahora: hacer una fila de más de 10 horas para retirar su dinero.

Como don Carlos, varias personas llegan en mitad de la noche para «hacer la guardia» al banco. A la 1 de la madrugada ya son más de 10, «llega más gente al baile» dice don Carlos, para ponerle algo de humor a la pésima situación.

El microcentro monterizo reduce el trajín comercial, pero la vereda de calle Rivadavia, en el Banco Macro, se llena de murmullos, de charlas con el vecino ocasional para que el tiempo pase rápido, para que llegue el día, para que finalmente puedan tener su sueldo en mano y poder «pagar las deudas, ir a la farmacia. Lo justo y necesario» indica don Carlos.