El martes 29 Juan Manzur y Osvaldo Jaldo se consagrarán sobre el escenario del Teatro San Martín como gobernador y vicegobernador reelectos. Esa misma tarde, en el salón Blanco de la Casa de Gobierno, jurarán los ocho miembros del gabinete y el fiscal de Estado. Quedan dos semanas, entonces, para que la dupla defina quiénes los acompañarán durante los próximos cuatro años y ese es precisamente el misterio.

En las oficinas del Ejecutivo bullen las expectativas. El silencio del gobernador mantiene en vilo a funcionarios y, lógicamente, a los equipos ministeriales y empleados en general. De acuerdo con miembros de la gestión de distintas jerarquías, Manzur no se arriesgaría a efectuar grandes cambios y apostaría a mantener y profundizar el rumbo de su gobierno.

“Juan no dice nada”. En la Casa de Gobierno esa frase se repite seguida de un ya saben cómo es o un no habla ni con sus -poquísimos- dirigentes más cercanos. El gobernador sólo sonríe y mantiene el enigma ante los osados que se animan a consultar, aún sabiendo que el mandatario hizo de la reserva una religión. Manzur sabe bien que en boca cerrada no hay moscas que se cuelen ni filtren nombres que puedan abonar internas entre aspirantes a tal o cual puesto.

También es consciente del contexto nacional: no conviene brindar definiciones tan cerca de una elección nacional. Sucede que necesita -por el perfil altísimo que tomó en el ámbito nacional- y procura que el desempeño en las urnas sea aún mejor que el de las primarias de agosto y, por lo tanto, precisa que todos los dirigentes estén involucrados en el trabajo proselitista. Mientras, Manzur pidió a sus ministros que trabajen hasta el último día como si fuera el primero. Se escuchó decir a los miembros del Gabinete que seguirán a rajatabla el mandato del gobernador y que confían en que este priorizará al proyecto político por sobre las figuras.

El monterizo Amado es uno de los favoritos para ser presidente subrogante

Los resultados de la elección provincial condicionan el armado de gabinete. Una fecha clave apura los tiempos, porque el lunes 28 asumen los nuevos legisladores y hay al menos tres ministros y una funcionaria de alto rango que esperan saber qué será de ellos.

A esta hora, el ministro de Gobierno y Justicia y electo legislador, Regino Amado, tiene un pie en la Cámara y otro en el despacho sobre la calle San Martín. La conformación de la mesa de conducción del Legislativo depende también de la decisión de Manzur. Sucede que Amado es uno de los favoritos para convertirse en el próximo presidente subrogante (tercero en la línea sucesoria del Ejecutivo), cargo que ya ocupó durante la gestión de José Alperovich.

Si Amado migra a la Cámara, otra legisladora electa, la actual secretaria de Gobierno, Carolina Vargas Aignasse, podría mudarse a su despacho. La dirigente de la capital tuvo una excelente perfomance electoral y mantiene una relación cercana con los gremios estatales y la Justicia. En la lista, a la funcionaria le sigue el actual legislador Eduardo Bourlé, que tendría ganas de quedarse en la Cámara. El ministro de Desarrollo Social, Gabriel Yedlin, también ganó un escaño. Si Manzur lo excluye de su armado ministerial -que es muy poco probable-, iría a la Legislatura. También existe la chance de que sea tentado eventualmente por Alberto Fernández para estar en sus equipos si es electo presidente. Otro ministro espera esta definición (además de la de Manzur): Juan Luis Fernández (Desarrollo Productivo) está en la nómina legislativa por detrás del médico. En Salud y Educación hubo algunos pocos rumores, todos desestimados, por lo que Rossana Chahla y Juan Pablo Lichtmajer tendrían altas chances de continuar. En el caso de Seguridad, sucedería lo mismo con Claudio Maley, aunque las autoridades de la Provincia reconocen que es el punto flaco de la gestión. Manzur y Jaldo seguirían apostando a un gabinete con bajo perfil político y con un anclaje más técnico.

Lo que está claro es que la definición del grupo de ministros será a contrarreloj y los involucrados lo sabrán a último momento. De acuerdo con algunas fuentes, sólo dos ministros tendrían asegurada su continuidad: Eduardo Garvich (Economía) y Miguel Acevedo (Interior). Nada, sin embargo, les fue comunicado oficialmente. El experimentado Garvich mantuvo las cuentas en orden y dicen que tiene la total confianza de Manzur, de hecho, se lo llevó a Buenos Aires cuando asumió en el Ministerio de Salud Nacional (fue secretario de Coordinación). Las versiones de que Garvich dejaría su despacho para pasar a ser asesor abundaron durante estos años, sin volverse realidad.

Acevedo, otro funcionario de carrera y con años en los caminos del interior, pudo con la “tropa” y mantuvo sin sobresaltos las relaciones con los municipios y las comunas. Manzur lleva la planificación como bandera y quienes lo conocen subrayan que no es un hombre de hacer modificaciones radicales. Por lo tanto, no hay que esperar sorpresas ni figuras demasiado nuevas. Al margen de confiar en sus elecciones, en el manzurismo puro tampoco hay demasiadas alternativas para el recambio ni demasiadas ansias de innovar.

En las primeras líneas del Gobierno, en estos cuatro años no hubo grandes variaciones. Los que hubo no fueron por escándalos o sobresaltos, sino por cuestiones electorales (Pablo Yedlin dejó la secretaría General de la Gobernación tras ser electo diputado) o estratégicas (la inclusión de Maley se debió a que se desdobló el ministerio de Gobierno y rejerarquizó Seguridad).

El escenario y las condiciones para elegir gabinete cambiaron radicalmente para Manzur y Jaldo desde 2015. En aquel año de comicios turbulentos, no conseguían fácilmente el “sí” de dirigentes o técnicos ¿Los motivos? Los cuestionamientos de la oposición al resultado y los compromisos que tenían dirigentes con el ex gobernador José Alperovich. Todo cambió y la fórmula reelecta se consolidó. El Gobierno revirtió la imagen y no tuvo grandes sobresaltos. El 29 Manzur y Jaldo se consagrarán sobre el escenario del Teatro San Martín como gobernador y vicegobernador reelectos. El gabinete es incierto, pero no sería un misterio no habría sorpresas.

Fuente: La Gaceta