León Benarós y Carlos Gustavino

La zamba despabila la nostalgia. Ecos de ternura arrullan tal vez los sentimientos de esa pregonera. “Dura tristeza oscura, frágil amor que no supe retener. Oye, paloma mía, esta tristísima elegía…” Los versos de León Benarós se machimbran a las corcheas de Carlos Guastavino. Ese abrazo de amor riega el corazón de una Rosa de Abolengo, desde hace más de cinco décadas. Monteros late La Tempranera que viaja en por las geografías del viento. Algunas historias se han tejido sobre cómo se gestó este poema musical, un clásico del folclore, que vio la luz en la guitarra y el canto de Eduardo Falú.

La historia de que el autor de la letra había sido trasladado en su juventud a la sucursal monteriza del Banco de la Nación, donde había sido hechizado por una muchacha, fruto de su inspiración, ganó protagonismo con el correr del tiempo. «En 1996, pocos años de que partiera al silencio, le pregunté sobre el asunto al maestro Guastavino, a quien tuve la suerte de entrevistar», explica el periodista Roberto Espinosa, quien rememora dicho encuentro en la nota titulada «Aquella paloma tibia de Monteros» para la Gaceta:

«creo que fue un metejón juvenil de Benarós», me comentó sin dar más detalles. Tenía 92 años, cuando don León, poeta, historiador, abogado y pintor, fue entrevistado en su casa por el monterizo Héctor “Teté” Núñez. Su sobrino Emilio Núñez me obsequió hace pocos días una copia de este valioso material con el escritor puntano.

Un amor juvenil

“Mis padres llegaron a la Argentina en 1900. Mi padre sería un muchachito de 20 años cuando estuvo en Monteros. Por eso, como una especie de homenaje, Monteros aparece en la zamba La tempranera, que es de 1963. Es la única vez que trabajé sobre una música dada; tengo más de 64 obras con Guastavino; yo le entregaba una letra y él no movía ni una coma. En este caso me dijo: ‘Tengo una zamba hecha, me gustaría que usted le ponga letra, es tal vez una leyenda, no sé… – Bueno, maestro, yo la grabo, la voy a estudiar”. Y al estudiarla, me pareció que era una especie de amor juvenil. Yo había tenido algo que ver con una tucumana”, evoca don León.

El poeta recuerda que una de las obras más popularizadas de Guastavino era Se equivocó la paloma, sobre un poema de Rafael Alberti, pero luego La tempranera tuvo mayor difusión. “Me pareció como un amor juvenil, en ese entonces yo tenía que ver con una chica tucumana y de alguna manera surgió de ahí un amor que está pintado con lirismo, con fineza, y tiene esa frase: ‘paloma tibia de Monteros’, porque no es un amor tempestuoso, sino un amor tranquilo, lírico, no es una paloma tempestuosa. Mi padre estuvo en Monteros y ya había parientes míos ahí que lo llamaron. Eran muy prósperos. Monteros era famosa también por las randas. En Cosquín se presentaron unas randeras con unos trabajos hermosísimos y yo hice un poema sobre la randera tucumana”, relata.

Con la carne de gallina

Autor de canciones con Sebastián Piana, Falú, Mariano Mores, propietario de una destacada trayectoria literaria, este amigo de Pablo Neruda recuerda a Guastavino como un hombre desinteresado. “Era un gran músico, una persona de una sensibilidad finísima. Lo conocí porque le propuse un reportaje para la revista Folklore. Para ese día yo había citado a otro músico, pero me apuraron de la revista. Entonces le digo: ‘Maestro, tengo este problema, usted tiene algún inconveniente en ir a casa. – No, yo voy’. Después me enteré de que nunca hacía eso. Me dijo: ‘Yo tengo su primer libro, por qué no hace letras para canciones’. Y le dije: ‘un momentito, maestro, estas son todas letras pero no encuentro quién les ponga música’. Leyó El Sampedrino y dijo: ‘Caramba, se me puesto la carne de gallina, ¿me permite que le ponga música? – Pero, maestro, ¡ya nomás!’ Y así fue que lo primero que hicimos fue El Sampedrino, que lo han cantado hasta músicos de ópera”, expresa.

Curiosamente, pese a que La Tempranera se ha convertido en la zamba oficial de Monteros, ninguna calle o plazoleta evoca a sus creadores. Don León apunta que la zamba se ha sido traducida hasta el japonés, y llegan derechos de autor del exterior: los Países Bajos, Japón, México, España, Inglaterra… lo cual refleja su popularidad. El poeta no puede precisar quiénes eran los parientes que su papá tenía en Monteros. “Mis padres eran sefaraditas del Marruecos español, de Tetuán; él falleció cuando yo era muy chiquito, tendría un año, no tengo recuerdos personales de él y como un homenaje mencioné a Monteros en la zamba. Lamentablemente, no visité Monteros, sí Tucumán, la capital, pero me gustaría ir”, dice el poeta que cinco años después, en 2012, se fue de la vida quizás tarareando: “al bailar esta zamba fue que rendido te amé. Eras mi tempranera de mis arrestos prisionera…”

León Benarós fue colaborador de LA GACETA LITERARIA

Nacido el 6 de febrero de 1915, en Villa Mercedes, San Luis, León Benarós es autor de El Rostro Inmarcesible, Romances de la Tierra, Romances de Infierno, El Bello Mundo, Flora Natal y Canto de Amor a Buenos Aires. Colaboró en La Nación, Clarín, LA GACETA Literaria y la revista Proa. Recibió importantes distinciones, como el Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires y la Faja de Honor de la SADE. Falleció el 25 de agosto de 2012.

LA TEMPRANERA

LETRA: León Benarós

MÚSICA: Carlos Guastavino

Eras la tempranera,
niña primera, amanecida flor,
suave rosa galana
la más bonita tucumana.

Frente de adolescente
gentil milagro de tu trigueña piel
negros ojos sinceros
paloma tibia de Monteros.

Al bailar esta zamba fue
que rendido te amé.
Eras mi tempranera
de mis arrestos prisionera.
Mía ya te sabía
cuando por fin te coroné.

Eras la primavera,
la pregonera del delicado amor.
Lloro amargamente
aquel romance adolescente.

Dura tristeza oscura
frágil amor que no supe
retener. Oye, paloma mía,
esta tristísima elegía.

Fuente: La Gaceta