Ese cuaderno A4 tapa dura diseñado, ilustrado y anillado para que los niños y las niñas escriban, pinten y jueguen entre sus renglones ahora tenía otra función para Delfina, la protagonista de 8 años de esta historia. Junto a Mayra, su mamá, desde el 6 de marzo de este año ese cuaderno se convirtió en un diario de los días y las noches en el Hospital de Niños, a veces con soles o corazones dibujados pero también con palabras escritas en letra de molde, palabras desconocidas para una niña como glóbulos o quimioterapia.

“Todo empezó ese día cuando nos internan por el bajo peso. El peso normal de Delfi era 25 kilos y estaba en 17 y medio, súper delgadita. Antes de la internación, descubrimos cuando estaba paradita que tenía una pelota en el estómago que se movía, como si fuera un bebé. Sufría muchísimo, como el dolor que producen los gases y cólicos. Había dejado de ir al baño, perdió el apetito, y estaba tirada en la cama por el cansancio”, relata Mayra.

Antes de que escuchara las palabras que ninguna madre quiere oír existía la posibilidad de que lo que tenía Delfi era una invaginación intestinal, un intestino dentro del otro. “Pero cuando hablamos con la ecógrafa del Hospital de Niños, ella nos deriva al doctor Daneri y a la doctora Pilar Fernández, quienes nos dicen que a la edad de Delfina era imposible que se tratara de una invaginación, que eso solo se da en niños en edad de lactancia. Y que entonces iba a entrar al quirófano para ver qué era”. 

“Delfina entra a quirófano con los cirujanos, el doctor Forenza y la doctora Allori, y cuando sale nos enteramos que esa pelota resultó ser un tumor en el intestino delgado. Le sacaron 30 centímetros de intestino delgado de los cuales 17 eran del tumor, pero lo peor de todo era que quedaba un tumor bastante invasivo en el estómago. El 11 de marzo nos informan que Delfina tenía cáncer: linfoma no Hodgkin de Burkitt, estadío 3, es un cáncer que avanza muy rápido. Se dan tres casos cada 100 mil habitantes”.

A partir de este momento, la vida cambió para Delfina y para Mayra, claro: “Teníamos un delivery con mi pareja con un cadete. Como yo era la que cocinaba y ya no podía hacerlo para acompañar a mi hija durante todo el tratamiento, cerramos el negocio. En el hospital nunca tuvimos un gasto y los medicamentos nos llegaron a través de la Fundación Flexer”. Y es acá cuando en la primera hoja del cuaderno A4 aparece el nombre del doctor Juan José Chaín o en palabras de la mamá: “Nuestro héroe”.

El doctor Chaín, durante todo este tiempo, supervisó a Delfina, quien se sometió a 52 quimioterapias hasta la última realizada el lunes 24 de junio: “Durante todo el tratamiento Delfi tuvo el mismo semblante, su estado de ánimo era normal, una sola vez se nos complicó cuando hizo fiebre. El miedo sí estaba. De hecho en el Hospital de Niños había dos casos con este tipo de cáncer: el de Delfina y el de otro niñito que lamentablemente falleció hace dos semanas”.

Cada hoja del cuaderno/diario de internación iba dedicada a los estudios y el tiempo que arrojaba cada una de las 52 quimios. Solo quienes han pasado por una situación pueden ponerse en la piel de esta madre que se quiebra cuando relata la parte más difícil de todo el tratamiento: “Fue cuando empezó a perder el pelo. Tenía un pelo lacio y castaño y tomé la decisión de pelarla. Cuando le pasaba la máquina, ella me contagiaba sus fuerzas. Me decía: ‘Mamá, no llorés, no pasa nada. Estoy bien me gusta cómo me queda’. Ella misma tomó la decisión de no usar peluca: ‘Uso gorrito o nada, mamá, vos quédate tranquila. Yo me estoy curando. Dios me está curando’, me decía. Ella creía que Dios realmente la curaba, ella me lo transmitía”.

Finalizado el tratamiento, Delfina, Mayra y el cuaderno volvieron a su casa en Tafí Viejo. Debían realizarse el último estudio Pet en Gamma, un estudio avanzado en conjunto con una tomografía, y esperar el día de hoy, este viernes 19 de julio cuando el doctor Chaín y su equipo médico les transmitieron con una sonrisa las palabras que toda madre quiere escuchar después de haber pasado lo pasado: “El doctor nos dijo: ‘No hay células cancerígenas vivas y no hay más tumores. Se disolvió todo’. Nunca pensé que me dijeran que no había nada, que se había curado del todo. En Gamma me decían que las opciones más posibles eran que las células estén muertas, que el tumor haya crecido, y que si en ese caso las células estaban vivas eso iba a ser un problema. Pero nunca imaginamos que podía curarse del todo, todavía no caemos”.

En esta parte de la historia que se llama felicidad, faltaba un detalle, la última hoja en blanco del cuaderno A4: “Cuando nos dan los resultados le pido a mi papá: ‘¡Dame una lapicera! ¡Vení, Delfi, te hago un cartelito con mi letra!’ Entonces escribimos: ‘Vencí el cáncer. 19/7/19. Delfina’. Eso es lo que dice la última página de todo esto que vivimos y que superamos”, suspira aliviada Mayra, la mamá feliz que mientras termina el diálogo mira a Delfina y comparte: “Aquí está, jugando, se está pintando las uñas, como una princesa, la de Frozen es su favorita. Y ahora le está contando a su hermanita Sofía que quiere ser peluquera cuando sea grande. Eso le está diciendo que quiere ser”.

Fuente: El Tucumano