El kilogramo es una de las cuatro unidades de medición básicas -junto con el amperio, el kelvin y el mol- que fueron redefinidas el año pasado en la Conferencia General Sobre Pesos y Medidas (CGPM). El cambio constituye la mayor revisión del Sistema Internacional de Unidades desde su instauración en 1960 y ayer entró en vigencia.

Ahora, la unidad de peso estará definida por constantes fundamentales y no arbitrarias, como fue hasta ahora. Esta redefinición no afecta la vida cotidiana. En el almacén, el kilo pesará lo mismo. En cambio, tiene una gran importancia para las investigaciones científicas que requieren un elevado nivel de precisión en sus cálculos.

Héctor Laiz es gerente de Metrología, Calidad y Ambiente del INTI, presidente del Sistema Interamericano de Metrología y miembro del Comité Internacional de Pesas y Medidas. En noviembre, en representación de Argentina, fue uno de los 18 expertos que votaron a favor de realizar la modificación en la CGPM. En diálogo con Clarín, explica que “el kilo seguirá pesando un kilo, lo que cambia es la forma en la que definimos lo que es un kilogramo porque el avance de la ciencia y la tecnología van modificando la forma en la que los humanos definimos las unidades de medida”.

Ayer, en el marco de la celebración por el Día Mundial de la Metrología, el kilo se definió en relación con la constante de Planck, central en la teoría de la mecánica cuántica y que debe el nombre a uno de sus padres, el físico y matemático alemán Max Planck. Es una constante física considerada invariable, con un valor adimensional y universal que puede ser reproducida en un laboratorio sin estar sujeta a un objeto físico.

Con el sistema que estuvo vigente hasta este domingo, cada cinco años había que enviar a “calibrar” las muestras de kilo que había en la Argentina -objetos similares al que está en Francia- a la Oficina de Pesos y Medidas parisina. Los técnicos del INTI hacían lo que llaman la “diseminación” a múltiplos y submúltiplos para que fuera posible pesar toneladas hasta microgramos.

Ahora, con la nueva definición, los técnicos locales podrán calcular aquí el kilogramo. De hecho, cinco institutos en el mundo ya venían haciendo extraoficialmente en los últimos años calibraciones en función de la nueva definición.

Alejandra Tonina, doctora física y jefa del Departamento de Metrología Cuántica del INTI, asegura que en su área, esta redefinición es fundamental. “Antes, las magnitudes eléctricas, como el ampere, se definían con el sistema internacional, que consistía en un experimento muy díficil de hacer y tenía mucha incertidumbre, es decir errores. Ahora se usan constantes de la naturaleza que son mucho más precisas”, comentó la experta.   

¿Por qué ya no va más el otro elemento de medición?

Hasta el domingo la unidad de peso estuvo definida en función de un objeto: un kilogramo equivalía a la masa que tiene un cilindro de 4 centímetros de platino iridio fabricado en Londres, y que está bajo el cuidado de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas (BIPM, según sus siglas en inglés), guardado desde 1889 en una caja de seguridad en Francia

El kilo original perdió en un siglo 50 microgramos. Esto se debe a que los objetos pueden fácilmente perder átomos o absorber moléculas del aire. Por eso, usar uno para definir una unidad de medida es complicado.

“A partir de ahora, todas las unidades se definirán en base a constantes de la naturaleza, en lugar de artefactos, propiedades de materiales o experimentos teóricos irrealizables, como sucede en la actualidad. Esto permitirá a los científicos que trabajan con el más alto nivel de exactitud realizar las unidades en diferentes lugares o momentos, con cualquier experimento apropiado y en cualquier valor de la escala”, subraya Laiz.