005799415484Un cartero que en 2015 fue condenado a 1 año de prisión por no haber entregado más de 19.000 correspondencias deberá cumplir ahora ese tiempo de cárcel en la Unidad 6 de Rawson, un penal de máxima seguridad y por donde han pasado los delincuentes más peligrosos del país. Se trata de Manuel Marcelino Gutiérrez quien ahora es buscado por la Policía Federal por orden del juez Enrique Guanziroli.

Oriundo de Puerto Madryn, donde desarrollaba sus tareas, Gutiérrez tomó notoriedad pública cuando tras allanar su casa las autoridades encontraron bolsas llenas de correspondencia que el empleado del Correo Argentino debía entregar pero que nunca llegaron a su destino. Fue en 2009. Parte de la correspondencia estaba abierta y otra tenían hasta dos años de antigüedad. En total eran 19.302 cartas.

Tras ser detenido y someterse a un juicio, el cartero fue condenado en 2015 a un año de prisión en suspenso por el delito de “violar y ocultar correspondencia privada”. Pero en julio del año pasado, el ahora excartero fue citado por el Tribunal para labrar un acta compromiso de sus condiciones de la sentencia. “Sin embargo, esa diligencia no pudo practicarse por la incomparecencia del nombrado”, dijo Guanziroli como juez de ejecución.

Gutiérrez lo buscaron por todos lados pero nunca apareció. Hasta que fue declarado “en rebeldía”. “El condenado pese a los reiterados y sucesivos intentos de este Juzgado de Ejecución no ha cumplido con la presentación requerida, ni tampoco informado un cambio de domicilio, ni pagado las costas, ni asumido ninguna otra de las obligaciones impuestas en la sentencia”, dice la decisión del magistrado.

Por eso decidió hacer efectiva la prisión en la U-6 o en la cárcel del Servicio Penitenciario Federal más cercana al lugar donde lo detengan, expresa el dictamen del juez Guanziroli

En su momento, el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia había ordenado que las cartas secuestradas se entregaran. Y el sujeto para defenderse dijo ante el tribunal que “no le daba el tiempo para repartir todas las cartas y entonces las dejaba en su casa para ordenarlas”. Nadie le creyó por la enorme cantidad de correspondencia que tenía en su poder, repartida por toda su casa.

Una denuncia realizada por su suegra destapó el delito. Claro que aquella acusación había sido por violencia familiar, pero cuando se hizo el allanamiento nada pudo confirmar esos presuntos ataques. Pero sí aparecieron los llamativos bolsones.

La Policía encontró 26 bolsas de consorcio repletas de correspondencia. El material estaba repartido por varios ambientes, incluso dentro de un lavarropas en desuso. Y por eso fue condenado.

Pero como nunca se presentó ahora pagará su condena en la cárcel de máxima seguridad de Rawson (o tal vez en otra, de igual categoría si se lo encuentra fuera de la provincia).

Fuente: Los Primeros