El niño entró al mar en una de las playas más paradisíacas de las Bahamas. Desprevenido, se zambulló en el agua cálida y transparente y comenzó a nadar.

Ni se dio cuenta que en pocos segundos se acercaron cuatro tiburones que comenzaron a rodearlo.

Tuvo suerte. Allí mismo estaba Artem Tkachenko, un joven que jugaba con su drone filmando el hermoso paisaje  y quien percibió el peligro que acechaba al niño con su vista aérea.

A los gritos, le ordenó al niño que saliera del mar. “Por suerte, me escuchó”, contó después.

El niño, que no estaba lejos de la costa, dio unas cuentas brazadas y llegó a la arena segura.

Fuente: Infobae