00579941180La tucumana Aída Ponce fue distinguida este mediodía en el Congreso de la Nación por la labor social y medioambiental que realiza en la localidad de Río Seco.

La ambientalista recibió el premio  “Gobernador Enrique Tomás Cresto, instituida por el Senado de la Nación, la Federación Argentina de Municipios, la Federación Latinoamericana de Ciudades, Municipios y Asociaciones de Gobiernos Locales, el Sistema Integración Municipal América Área Sur y el Club Shalom.

El acto se llevó a cabo este jueves en el Salón Azul del Honorable Senado de la Nación, en la Ciudad de Buenos Aires. La distinción se confiere a aquellos representantes de los gobiernos locales, funcionarios y profesionales, en el marco del Programa de Apoyo a las Iniciativas de los Gobiernos Locales-Relacionar. En el caso particular de Aída, fue valorada su incansable acción a favor del medioambiente, a través de la forestación y los talleres de reciclado destinado a adultos mayores y personas con discapacidad para lograr su integración social.

“Las instituciones organizadoras desean reconocerla por el aporte a la integración regional en América Latina, como “Líder para el Desarrollo”, destacando su trayectoria y el enfoque innovador de sus acciones como aportes al bienestar de nuestras comunidades”, sostuvo el senador Pedro Guastavino.

Una vida dedicada a mejorar su pueblo

Aída nació en Mendoza pero desde hace más de 30 años vive en Río Seco. De su provincia natal conserva la tonada y un espíritu persistente, forjado por la aridez de la Cordillera de los Andes que forma parte del paisaje y obliga a los cuyanos a cuidar como oro cada ejemplar que se levanta en las veredas gracias a un sistema de acequias que les da vida.

“Cuando visitaba Mendoza y luego volvía a mi casa en Tucumán, sentía mucha nostalgia porque me faltaban los árboles”, cuenta. “Pensé en ese momento ‘si lleno de árboles mi pueblo va a ser otra cosa’ y empecé a buscar árboles por todas partes. Primero me los regalaban y después empecé a sembrarlos o sacar gajos para generar nuevos ejemplares”. Desde ese entonces, pasaron 20 años en los cuales llevó árboles a cada una de las provincias argentina. Incluso, sus ejemplares llegaron a lugares emblemáticos de Latinoamérica como Machu Pichu y cruzaron el océano para llegar a manos del Papa Francisco.

Sobre las locuras en las que incurrió para plantar árboles, Aída revela entre carcajadas que “hay varias” pero se queda con sus excursiones a la Ruta 38 para regarlos en plena sequía. También repara que en el baúl de su auto siempre hay plantines para detenerse cuando sea necesario para cavar un pozo, plantarlo y dejar un cartel “regáme por favor”.

La defensora del medio ambiente recuerda una frase que leyó hace pocos días: “unos buscan un lugar más bonito, otros lo crean”. Se sintió plenamente identificada porque ella, con esfuerzo y tenacidad,  transformó su lugar en el mundo en un auténtico vergel.

Ahora, la invitan a foros y escuelas de distintos lugares para enseñar a los chicos a proteger el medio ambiente y cuidar sus propios árboles con ayuda de sus maestros y de toda la familia.

Fuente: El Tucumano