A los 21 años, Risso Patrón se prueba otra vez entre los 11 “Decanos”, que esta noche reciben a Independiente.


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Son las 5.55 de la mañana y la primera de varias alarmas programadas por Gabriel Risso Patrón comienza a resonar en su casa, en pleno centro de Monteros. Si decide ignorarla, papá o mamá funcionarán como respaldo: “Levantate, tenés que ir a entrenar”, le dirá Alberto o Teresa Acevedo, su mamá. Es importante que se levante porque aunque falten cuatro horas para el entrenamiento, al lateral izquierdo de 21 años que será titular hoy en Atlético, le queda un largo camino hacia el complejo en Ojo de Agua.

Luego de eso se vestirá, desayunará y saldrá a la calle a tomarse el Exprebus que pasa a las 7.15 por la parada. “Encima es el servicio común y para en todos los lugares”, reniega el “Zurdo” pero sin perder mucho tiempo en ello. Sabe que es parte de lo que le toca vivir, al menos por ahora.

“Algunas veces me lleva el ‘Pulguita’”, agrega sobre Luis Rodríguez que reparte sus noches entre Simoca y Barrio Sur. Cuando duerme en su ciudad natal, pasa a buscar a Risso Patrón en su casa, al lado de la Comisaría.

De allí lo despiden Alberto, Teresa y sus hermanas: Romina (20), Brenda (11) y Rocío (8). Y aunque parezca una escena cuasi colegial, Gabriel no es ningún niño.

Y no solo porque desde los 18 años que es padre de Ian Gabriel junto a su novia, Agustina Arias.

Los primeros pasos

Es que a los 13, luego de hacer infantiles e inferiores en Nuñorco, ya se había instalado en Córdoba para jugar en Belgrano. Un año más tarde viajó a Misiones para hacerlo en Colonial.

En 2010 pegó el salto: pasó una prueba en River e hizo parte de las inferiores allí junto a jugadores como Sebastián DriussiMaximiliano Batalla o Giovanni Simeone. Durante esa época pasó casi todo el tiempo lejos de su familia y de su provincia, Incluso le faltaba una escala en Defensores de Belgrano, también en Buenos Aires, antes de volver a Tucumán.

En 2015 regresó a Monteros y volvió a jugar en Nuñorco, donde se consagró campeón de la Liga. Su técnico, Martín Anastasio lo llevaría a Atlético al año siguiente para repetir el título. Tan buena imagen dejó allí que en enero de este año Pablo Lavallén lo subió a Primera y en julio firmó su primer contrato profesional. Mucho más largo que ese viaje en colectivo fue el proceso que tuvo que atravesar para verse en un escenario como el de hoy: titular en un partido de octavos de final de una copa internacional ante un grande como Independiente.

“Vengo luchándola desde hace un montón, por suerte se me dio. Esto es gracias a mis papás que me dieron siempre con todo los gustos”, confiesa Risso Patrón. Alberto trabaja en tribunales por las mañanas y por las tardes cumple con el oficio de pintor. Su mamá trabaja duramente en casa.

Es por eso que desde hace unos meses definió sus metas: “estoy ahorrando para ellos. Quiero tratar de devolverles todo lo que me dieron. Además intentaré comprarme un auto para ir al entrenamiento”, explicó el jugador.

Ya en el colectivo, próximo al ensayo, Gabriel no puede contener la ansiedad por jugar. “Tengo muchas ganas. Es un partido muy importante para el club”, dice y solo le falta esperar unas horas porque de jugar, va a jugar. Ricardo Zielinski demostró que le tiene confianza al dejarlo en ese sector y apostar por la dupla de centrales, un volante y un delantero en los nuevos nombres de la lista.

“Son muy rápidos; tienen mucha velocidad. Trataremos de frenarlos”, anticipó el defensor que promete no estar dormido como en el inicio de la nota.

Fuente: La Gaceta