No habrá bancas para repartir este domingo. Sin embargo, para algunos habrá asuntos más trascendentes a develar en las Primarias. Fundamentalmente, porque el resultado de esta elección abrirá el camino que recorrerá la política local y nacional para llegar a 2019.


005799317pMuchas son las incógnitas que se dilucidarán en las primeras horas del lunes 14. La de mayor impacto involucra directamente a Cristina Fernández de Kirchner. Un eventual triunfo de la ex presidenta aterra tanto a los gobernadores como a la Nación. A Mauricio Macri, porque los titulares lo mostrarían perdidoso y el país podría comenzar a sufrir un bamboleo justo en los albores de la segunda mitad de su gestión. En lo político y en lo económico, que Cristina levante vuelo podría tener impactos irremediables para el macrismo: los líderes internacionales, los mercados y los sectores de la sociedad que aún lo acompañan dudarían, con argumentos sólidos, de la firmeza de su gestión. Para Macri, incluso, resultaría casi imposible acordar con la intransigencia K. Pero también en el justicialismo están afligidos por esa posibilidad. El miedo se hizo patente con el reagrupamiento de los gobernadores: son ellos quienes quieren sentarse a negociar la gobernabilidad con el Presidente y acordar, mano a mano, los votos en el Congreso. Además, los peronistas más criteriosos admiten que con la ex jefa de Estado difícilmente recuperen la Casa Rosada en un par de años. Y ese es el objetivo central del PJ.

También en Tucumán comenzará a abrirse el horizonte político. Resulta difícil de entender que, siendo Gobierno nacional y con el aventón de la última performance electoral, José Cano llegue a esta elección con más tropezones internos que sus rivales. El radical no sólo tiene su propia grieta en el partido, sino que tampoco pudo consolidar en este tiempo la sociedad con el peronista Domingo Amaya. ¿Qué ocurrió en el medio? Es indudable que Cano es para Macri lo que La Cámpora fue para Cristina: sus ojos en esta región. Y muchos referentes de Cambiemos no digieren esa elección del Presidente. Amaya es uno de ellos. El ex intendente peronista y su entorno, en los meses previos a las PASO, se encargaron de esparcir la idea de que disputarían el liderazgo a Cano para, luego, repartir en otras condiciones los espacios de poder en la provincia. No sólo aquel sueño de una noche de verano, como ya se dijo aquí, no prosperó, sino que hoy Amaya integra un sector del Gobierno que en nada participa de los armados electorales y al que muchos vaticinan poca vida dentro de la alianza nacional. El ejemplo más palpable es el de Emilio Monzó. El presidente de Diputados es el hombre del macrismo que más conoce al peronismo bonaerense pero, a días de las Primarias, toma sol en las playas de Miami. Si uno de sus referentes en el Gobierno está a miles de kilómetros y desentendido de la elección, ¿por qué sorprende tanto que Amaya diga que no lo invitaron a la campaña? El sábado, en una entrevista con la Rock and Pop para el programa Detonados, el secretario de Vivienda fue sincero, aunque absolutamente inoportuno.

En el canismo cayeron muy mal las declaraciones, al punto que a los pocos minutos de ese episodio ya se enteraron el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Que la metida de pata de Amaya adquiriera mayor trascendencia dependió, en gran medida, de su interna con Germán Alfaro. El actual jefe municipal quiere convertirse en el socio indiscutible de Cano y para eso necesita que Amaya siga debilitándose. Hoy, Alfaro es el jefe de campaña de un espacio en el que, igualmente, no termina de sentirse cómodo. Reniega de la falta de compromiso de los dirigentes radicales y macristas a la hora de militar para esta elección y de algunos gestos: por ejemplo, el lejano lugar que le dieron en la cena de recaudación de fondos a la que asistió Peña.

Con más trastabilladas internas que foráneas afronta Cano esta elección, en la que necesita sí o sí ratificar que puede llegar con la nafta suficiente a 2019. Enfrente, para Osvaldo Jaldo asoma un escenario incierto. No tiene tantas dudas respecto de estos comicios; de hecho, no hay sector del justicialismo y de sus aliados que haya quedado sin mostrar en público su fidelidad a la lista que encabeza el vicegobernador. Todos los líderes territoriales se esforzaron por no mostrar fisuras internas; inclusive uno de los más díscolos, como el monterizo Juan Antonio Ruiz Olivares. No obstante, el vicegobernador siente que debe ganar –cómodamente- para mirar desde otro lugar la pulseada por la sucesión. Después de esta posta electoral y según qué le indiquen las urnas, Jaldo estará en condiciones de forzar una decisión del gobernador, Juan Manzur. O se emancipa de una buena vez por todas de José Alperovich, o el camino indefectible será el de la ruptura de la fórmula de gobierno, más temprano que tarde.

Fuente: La Gaceta