0057674wpCuando apenas tenía 27 años moría asesinado uno de los creadores que mayor influencia alcanzó en distintas generaciones. Su vida fue el arte, un trabajo que asumió a tiempo completo y en distintos géneros.

Rodolfo Bulacio, un outsider, tanto en su vida como en su arte, demostró que no necesitaba título para convertirse en artista. Cuando era estudiante de la Facultad de Artes ya había producido una cisura en el arte de esta provincia. Fue uno de los grandes referentes de su tiempo, de aquellos que dejaron marcas a toda una generación en la década del 90 del siglo pasado.

Hace 20 años moría asesinado en un humilde cuarto de una pensión de Marco Avellaneda al 500, cuando estaba en la plenitud de su carrera.

Rodo era un artista en todos los sentidos: grababa, pintaba, construía objetos, hacía instalaciones, incorporaba fotografías y realizaba performances.

Nada que tuviera que ver con el arte le era ajeno: admiraba tanto a Andy Warhol como a Leonardo Da Vinci; a Pedro Almodóvar y a Federico Fellini; gozaba con el bolero, y bailaba música disco en cualquier boliche. Su obra tiene un carácter profundamente autorreferencial: su rostro puede aparecer en la pintura de un billete (“One Rodo”) y en el retrato del casamiento de sus padres en “Nací para ti”. Además, con su ironía corrosiva podía arremeter contra instituciones tales como el matrimonio o los símbolos patrios.

Warhol y Almodóvar eran sus creadores favoritos; trabajó con el kitsch (y a veces hasta con el melodrama), pero siempre admiró el barroco. Cuando se observan algunas de sus últimas obras, necesariamente todo suena a bolero.

Era un artista a tiempo completo, profesión que expresaba no sólo a través de sus pinturas, grabados, instalaciones, dibujos y performances, sino también en su vida cotidiana: la pequeña y antigua heladera que tenía en el cuarto de la pensión estaba pintada con líneas blancas y negras. “¿Puede haber un animal más barroco que la cebra?”, preguntó una vez a uno de sus amigos.

Irreverente y zafado, comenzó a participar en exposiciones en 1990 y formó junto a Rolo Juárez la pareja de performance “Flora y Fauna”; fue uno de los fundadores del grupo Tenor Grasso; además, por su propia personalidad fue uno de los primeros que entendió el arte como pura autorreferencialidad, todo un paradigma de los 90 en adelante: no había cuadro que no hablara de él; su intimismo se transformó luego en un clima de época.

Celebridades

En sus grabados, lo que más le interesaba era retratar a celebridades: Mirtha Legrand, Moria Casán y Marilyn Monroe desfilan en una serie interminable, así como La Gioconda; a modo del mismo Warhol, a este período pertenecen también las estampas que contienen símbolos patrios, planteados con un dejo de crítica ironía.

En sus recurridos homenajes, “Rodo” nunca se olvidó de sus padres ni de su abuela. Claro que antes supo incorporar la escritura a la propia tela y plantear una representación no figurativa.

Posteriormente utilizó colores pasteles para replantear su obra e inclinarse a un estilo neopop, principalmente, que no abandonó hasta el fin de sus días.

Casamiento

Extravagante, en 1995 protagonizó -junto al artista Sergio Gatica– la performance “Mucha karakatanga en la coctelera”: se trataba de su propio casamiento, en el que cumplía con todos los rituales sociales: se vistió con el traje de novia, se hizo fotografiar en el reloj del parque 9 de Julio y atravesó todo el centro encabezando una caravana de autos que tocaban bocina, para concluir en el viejo local de La Zona (Laprida al 200) donde cortó la torta que le había hecho su madre.

No sólo lo respetaban los artistas de su generación, sino también los más grandes, y sobre todo los menores; de cualquier forma, para todos quedó claro que con su obra y su personalidad el arte contemporáneo había cambiado en Tucumán. Un dato: a pesar de su juventud, no se conoce en esta provincia otro artista que haya tenido tantas exposiciones en su homenaje luego de su fallecimiento. En 2005, la Secretaría de Cultura inauguró en el Museo Timoteo Navarro una sala con su nombre, aunque lamentablemente, la Sala de Arte Contemporáneo Rodolfo Bulacio poco o nada se utiliza y ni siquiera tiene programación contemporánea.

> Uno de los primeros performers del campo Queer

ROLO JUÁREZ                                                                                                                                                                Artista visual – Docente

Rodo fue un artista muy particular y propio de la época: tomó lo mejor del arte de los años 80 y lo transformó en 90. Siempre estuvo involucrado con el arte, desde la escuela secundaria en su ciudad natal, Monteros. Participó de revistas culturales, pintó murales inspirados en artistas clásicos como Miguel Ángel o Pablo Picasso, pintaba cuadros de violetas de los Alpes y paisajes para su abuela -Blanca- a quien le dedicó su última muestra “Blanka, enseña lo que has conseguido”, en el subsuelo del Jockey Club de Tucumán.

Ya en San Miguel de Tucumán, cursando la Licenciatura en Artes de la Facultad de Artes, incursionó por el abstraccionismo matérico y figurativo para pasar decididamente a una producción pop, inspirado en artistas como Andy Warhol para sus pinturas y grabados, o en Pedro Almodóvar para sus performances.

Creador inquieto, lector voraz y siempre transgresor, organizó distintos grupos en la provincia, participó de cuanta muestra fuera invitado y fue el creador del ícono de las marchas estudiantiles contra la privatización educativa de los años 90: la Mona Lisa de seis ojos.

Así fue que en el año 1991 formamos el grupo “Flora y Fauna”, los primeros performers que incursionamos en el territorio Queer de la provincia; participamos del under tucumano, mostramos en discotecas, espacios alternativos y bares de la época donde éramos convocados… En la era del “no celular”, la rutina era buscarlo por su casa para ir juntos a la facultad, compartíamos taller, materias teóricas, almuerzos y exposiciones cargadas de críticas.

Pero nada de esto importó; un 10 de marzo de 1997 me llaman por teléfono para que vaya a la facultad y ahí me informan que esa noche le arrebataron la vida en un confuso episodio, entre robo y crimen de odio, que como otros casos similares afectaron a la comunidad artística de aquel momento.

A 20 años de su partida todavía lo recuerdo pasando por el patio de la facultad junto a las palabras de la decana Celia Aiziczon de Franco, exhortándonos a no actuar indiferentes como Meursault en “El Extranjero”, de Camus, porque “la única forma de morir es el olvido”.

Fuente: La Gaceta