0057629wpMiguel Ángel era albañil, pero después de estar internado 14 días se volvió artesano: motos, autos y camiones de lata para poder llevar el pan a la casa.

Miguel Ángel Pereyra, un ex albañil de Villa Alem, sufrió bastante a fines del año pasado cuando permaneció internado 14 días en terapia intensiva  porque, según dice, la había explotado el apéndice.

Cuando dejó el hospital, los médicos le prohibieron que hiciera esfuerzos físicos por un largo tiempo, quizás para siempre. Entonces Miguel, a sus 32 años y con la familia formada, tuvo que abandonar el oficio que le había dado de comer durante buena parte de su vida.

“No hay que darse por vencido, capaz que la posibilidad para salir adelante está en la misma casa de cada uno”, asegura Miguel ahora que ha comprobado que eso es cierto.

Cuenta que siempre le gustó diseñar, que dibuja planos y arma maquetas, y que algunas veces ayudó a su mujer, Carla, quien confecciona centros de mesa y algunos otros adornitos para cumpleaños, casamientos o bautismos.

Pero su pasión tenía ruedas:  “Un día me dije: ya sé qué voy a hacer, voy a darle vida a los vehículos”.

En la computadora que le dieron a su hijo en la escuela, encontró que un hombre de Estados Unidos cortaba latitas de cerveza y le daba forma de una Harley Davidson. Y sin tanta vuelta, Miguel salió a la calle a buscar latitas.

Armó un taller en su casa y empezó: primero una Harley, después un Mustang, luego una enduro, una F-100, una moto pistera y así, modelo tras modelo, incluso algunos de diseño propio, armó un combo, los puso en una cajita y se fue para las ferias.

Miguel se demora una mañana para armar cada una de estas artesanías, sea una moto, un auto o un camión. Las vende a $50 al público y tiene una concepción muy clara del valor de la impronta humana en lo artesanal: “Por 40 latitas te dan 8 pesos. Pero si yo le aplico mi trabajo a una sola latita la puedo vender a $50”.

Los sábados y los domingos Miguel arma su puesto entre los vendedores de ropa usada, en la feria de Roca y Chacabuco. También ofrece los vehículos por internet, por su página personal de Facebook que es esta (click acá).

“Una señora me pidió que le hiciera el convertible de Barby para su hija. También para un cumpleaños de 18 me pidieron unas motos de centro de mesa. Y si me piden un Ferrari también lo puedo hacer”, dice.

El camión verde de Heineken brilla como si recién estuviera salido del concesionario, la moto enduro tiene presencia, se la ve bien pechadora, y las ruedas gigantes del escarabajo lo hacen parecer un dibujito animado; ¡si hasta parece que puede hablar!

Son livianos, pesan apenas un poquito más que una latita vacía. Algunos llevan, además, tapitas plásticas de botellas que hacen de ruedas. Los cortes no son perfectos, pero quizás eso es lo más importante porque se ve la mano del creador.

Y cuando lo creado es compartido, es un avance para el mundo entero: “A mí me gustaría mostrarle cómo hago este trabajo a los chicos que andan en la calle o a los jovencitos de institutos para que ellos también lo puedan hacer. He escuchado de unos cursos, pero no sé bien cómo contactarme”, comenta.

Su emprendimiento aún no tiene nombre: “El hombre de lata”, bromea, mientras un papá y su hijito miran asombrados una de las motos que están sobre la caja de cartón, que hace de mesa en esta feria popular.

Fuente: El Tucumano